Argumentos a debate

Ante los desafíos latinoamericanos

En las últimas semanas, dos eventos de la mayor importancia han dado cuenta de un nuevo capítulo en la política exterior estadounidense. En primer lugar, un histórico acuerdo preliminar que en tres meses es altamente probable que se convierta en una negociación definitiva entre Estados Unidos y el resto de sus socios en el P5+1 con Irán para reencauzar su programa nuclear bajo los estándares de un proceso supervisado por los organismos multilaterales. En las calles de Teherán se celebró igualmente al gobierno de Rohaní como al de Obama, algo que no sucedía desde la revolución islámica de 1979. En segundo lugar, el primer encuentro de alto nivel entre John Kerry, el secretario de estado estadounidense y el canciller cubano, Bruno Rodríguez, el jueves así como el que tendrán seguramente los presidentes Obama y Castro a propósito de la VII Cumbre de las Américas que este fin de semana se celebra en Panamá. Claramente se trata de una nueva era de diálogo y cooperación que, en principio, y para el caso cubano, podría transformarse no sólo en su plena reincorporación a la OEA sino eventualmente en un proceso sin precedentes de reformulación de alianzas y bloques políticos en América Latina y el Caribe. Durante cincuenta años estos encuentros de alto nivel entre Cuba y Estados Unidos parecían prácticamente imposibles. Ambas partes demuestran con ello una enorme capacidad de adaptación a un cambiante entorno internacional.

Este no es precisamente el caso de México. Hasta el momento temas de la mayor relevancia como la crisis en Venezuela no han merecido la debida atención de parte del gobierno en gran medida por inercias institucionales y prácticas que afectan irremediablemente a nuestra política exterior. Lo dijo recientemente el ex presidente Felipe Calderón "para nosotros ni el silencio ni la pasividad son opciones ya, no lo son para nadie". En efecto, se trata de una crisis que no puede mantenerse en los márgenes de la Cumbre de las Américas y ese debiera ser el punto de vista de la delegación mexicana. Sería deseable, evidentemente, recuperar el espíritu de la Declaración de ex Jefes de Estado, suscrita ya por 26 de ellos el pasado 9 de abril, en defensa de la democracia, la libertad de expresión y los derechos humanos en Venezuela bajo el contexto de un llamado a una solución negociada, pacífica y en consonancia con la Carta Democrática Interamericana. Pero se trata también de entender la dimensión esencialmente latinoamericana de esta crisis y, por tanto, la necesidad de que sea en foros latinoamericanos y a partir de iniciativas regionales que se procure la ansiada solución concertada en beneficio de una efectiva garantía de los derechos políticos, económicos y sociales de los venezolanos.