Argumentos a debate

60 años del sufragio femenino en México

El jueves se cumplieron 60 años de la publicación en el Diario Oficial de la Federación de la reforma al artículo 34 constitucional que establecía el derecho al voto, así como al resto de los derechos ciudadanos para las mujeres.

Aunque grupos sociales como la Alianza Nacional Femenina y el Grupo Leona Vicario habían exigido esta reforma, presentada originalmente por el presidente Lázaro Cárdenas en 1937 -aprobada pero no publicada-, no sería sino hasta las elecciones legislativas de 1955 cuando las mujeres votaron. Un dato poco conocido es el que desde diciembre de 1946 el Congreso había aprobado la adición al artículo 158 que concedía el derecho a votar de las mujeres en elecciones municipales.

Mientras la mayoría de democracias del mundo había reconocido este derecho desde hacía décadas, México llegaba tarde a esta conquista cívica y política. Se trata de una conquista que corresponde celebrar pero solo en su justa dimensión. Hay mucho que a 60 años de conseguir este reconocimiento aún hace falta por hacer para garantizar la plena equidad de género en su dimensión cívica y política.

Estremece descubrir que hace 60 años las mujeres no eran ciudadanos plenos de acuerdo con las leyes nacionales y que había una corriente de opinión en contra de dotarles de derechos políticos puesto que se distraerían de sus responsabilidades: el cuidado de la familia y el hogar.

Aunque se ha avanzado muchísimo desde que millones de mujeres votaron en los comicios de 1955 –donde resultaron electas las primeras cuatro mujeres diputadas- tenemos que remontar aún resabios importantes de misoginia y discriminación. Un reflejo de ello tiene que ver con una ingeniería electoral que aún está lejos de garantizar la paridad.

A pesar de avances en la representación femenina a nivel federal, en las legislaturas locales la historia es distinta pues aún no alcanzamos siquiera 30% de mujeres diputadas. El problema de la representación política va más allá del establecimiento de cuotas y tiene que ver con la promoción de la paridad en los gabinetes, empezando por el federal como lo hemos exigido. Abrir espacios especialmente en aquellos donde la participación femenina ha sido históricamente marginal, y en los espacios de poder político en los estados y municipios.

De ahí que sea indispensable apoyar iniciativas ya presentadas y que ahora se suma la del presidente EPN para garantizar 50% de mujeres en ambas Cámaras. Pero se trata de una medida insuficiente que tiene que completarse con condiciones de paridad en los tres poderes de la Unión y en todos los ámbitos públicos de participación cívica, política y sindical. Pero sobretodo completarse con reformas que transformen las restricciones en el ámbito local, en incentivos para que las niñas estudien, para que mujeres indígenas aspiren y cuenten con apoyos necesarios para gobernar sus municipios.

Ahí empezarán otros 60 años de lucha por la verdadera transformación en la participación política de las mujeres y una nueva era de nuestra democracia.