Argumentos a debate

El acuerdo nuclear con Irán: un triunfo de la diplomacia

Hace ya meses que el programa nuclear iraní concentraba la atención del mundo por sus posibles efectos negativos sobre la paz y la seguridad internacionales. A lo largo de prácticamente una década, los líderes mundiales agrupados en el llamado sexteto (Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania) vieron fracasar las negociaciones de desarme y desnuclearización en relación con el país islámico que, a su vez, veía la imposición creciente de sanciones económicas y embargos volcarse severamente sobre su desarrollo. En los últimos meses la posibilidad de una conflagración mayor entre Irán y sus históricos enemigos militares en Medio Oriente, especialmente Israel, aceitó los motores de la diplomacia multilateral. Para muchos, el conflicto era inminente y las consecuencias de las hostilidades se antojaban catastróficas.

El acuerdo alcanzado en Ginebra durante la madrugada del 24 de noviembre pasado no tiene precedentes. En primer lugar, supone una congelación, la primera en su género, del programa nuclear iraní de enriquecimiento de uranio durante seis meses. Esto, por supuesto, a cambio de un alivio importante en el régimen de sanciones económicas que venían ya ahogando al país. El compromiso de las potencias es también el de desbloquear fondos iraníes por un valor equivalente a 7 mil millones de dólares a cambio de que Teherán renuncie a instalar nuevas centrifugadoras y se comprometa a neutralizar el stock de uranio ya enriquecido convirtiéndolo en formas que dificultan su procesamiento para fines bélicos. De esta manera, el también llamado 5 + 1 (los integrantes del Consejo de Seguridad más Alemania) reconoce el derecho de Irán a contar con energía nuclear para fines pacíficos mientras que Irán reconoce que su programa nuclear requiere mayor transparencia en la consecución de estos fines y, por tanto, someterlo a un estricto control de la Organización Internacional para la Energía Atómica (OIEA). El acuerdo, en la opinión de distintos expertos, supone también ganar tiempo valioso para continuar con negociaciones más ambiciosas.

Sin duda, el acuerdo representa un avance sustancial de las negociaciones de la comunidad internacional con Irán. El reto ahora tiene que ver con su exitosa implementación. El Presidente Obama aseguró, por ejemplo, que si Irán no cumple "completamente" con sus compromisos durante estos seis meses, Estados Unidos volverá a activar las sanciones que han sido levantadas por el acuerdo y revocará las ayudas concedidas. No obstante, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, ha advertido que será una comisión conjunta la encargada de verificar la implementación del acuerdo. Es difícil por lo tanto, aun entendiendo las raíces de su escepticismo, compartir la posición de Israel que ha minimizado la importancia del Acuerdo y le ha comparado con la política británica de apaciguamiento durante los albores de la Segunda Guerra Mundial.