Argumentos a debate

Ucrania: navegar entre dos mares

Desde que el antiguo régimen se resquebrajara durante la denominada revolución naranja hace precisamente una década, Ucrania no vivía un momento tan delicado como el actual. Los protagonistas de la historia son, sin embargo, esencialmente los mismos. La Plaza de la Independencia en Kiev ha sido el escenario de protestas masivas, en aquel entonces, como ahora, contra Víctor Yanukóvich como presunto ganador de las elecciones presidenciales en 2004 y como Presidente hasta hace unos días. La "revolución" de 2004 llevó a Victor Yuschenko y a Yulia Tinmoshenko al poder, precisamente los enemigos políticos de una elite que nunca ocultó sus simpatías por el autoritarismo. El experimento democrático en Ucrania duró apenas unos años. El poder lo recuperó la vieja elite en 2010 y a Ucrania, con sus líderes opositores en la cárcel, le esperarían días aciagos.

Más de tres años después de pocas reformas, y una corrupción que hasta ahora comienza a esclarecerse del todo, se produjo una segunda revolución, la que los analistas denominan del Euromaidán y cuyos efectos explican bien lo que sucede ahora. El 30 de marzo de 2012 Yanukovich y la Unión Europea firman un primer documento para la incorporación del país al bloque comunitario. El acuerdo y su hoja de ruta, sin embargo, se entorpecen porque una de las exigencias para la unión era la liberación de los presos políticos, Timoshenko incluida. Ante la expectativa de firmar el Acuerdo de Asociación en 2013, las reacciones populares no tardaron en presentarse cuando finalmente Yanukovich informó que no se firmaría. El ingreso de Ucrania o al menos la vinculación con la Unión Europea representa, sin lugar a dudas, la tabla de salvación de un país cuya economía está cerca de la catástrofe y cuyas instituciones carecen de la solidez indispensable. Pero supone también la pérdida para Rusia de un espacio de influencia estratégica a manos de la Unión Europea.

Desde luego que no puede negarse la importancia que para Ucrania representa mantener buenas relaciones tanto con la Unión Europea como con Rusia. Mientras con Rusia, Ucrania mantiene una relación basada en un intenso intercambio comercial y en una especie de asociación estratégica para, entre otras cosas, transportar por gasoductos el gas ruso a la Unión Europea, el bloque comunitario representa una opción de futuro para el desarrollo económico –a través de créditos, ayuda, inversión y comercio, pero también político, democrático y en materia de derechos humanos.

El equilibrio entre estos dos gigantes es especialmente delicado para un país inmerso en una profunda crisis política luego de la destitución de Yanukovich, la conformación de un gobierno interino de unidad, la liberación de Timoshenko, la convocatoria a elecciones en mayo y la orden de arresto internacional y eventual proceso ante la Corte Penal del ex Presidente. Cualquier decisión que tome el nuevo gobierno –a quien también corresponderá llevar justicia a las víctimas luego de meses de brutal represión en las calles- tendrá que tomar en cuenta que inclinarse por un lado ignorando al otro podría tener graves consecuencias económicas y políticas. Más aún, podría significar la propia división del país tal cual lo dejó entrever la toma del Parlamento en Crimea por parte de activistas pro-rusos. Navegar entre dos mares, ese es precisamente el reto del primer ministro interinoYatsenyuk y del próximo gobierno democráticamente electo.