Argumentos a debate

Roberta

Luego del desafortunado desenlace de la nominación de María Echaveste como Embajadora de Estados Unidos en México, el anuncio reciente sobre Roberta Jacobson como nueva designación del presidente Obama para ese cargo no puede recibirse sino con enorme beneplácito. Se trata de una funcionaria de primer nivel de la administración pública y la diplomacia estadounidense con un profundo conocimiento de la realidad latinoamericana, y especialmente la mexicana, luego de más de un cuarto de siglo de experiencia en asuntos del hemisferio occidental. Con estudios en derecho, diplomacia y relaciones Estados Unidos-América Latina en algunas de las mejores universidades de ese país, Jacobson comenzó su carrera profesional en el Departamento de Estado precisamente como asistente en la Subsecretaría de asuntos del hemisferio occidental y luego como encargada de asuntos cubanos a mediados de los noventa. Algunos años después se convirtió en la directora de la oficina de planeación y coordinación de la misma Subsecretaría. Su extraordinario trabajo como conocedora profunda de los temas de derechos humanos, ayuda internacional y relaciones cívico-militares en los distintos países de la región, la llevó a convertirse en subjefa de la misión diplomática de Estados Unidos en Perú. De regreso en Washington, en 2002 se convirtió en directora de asuntos mexicanos del Departamento de Estado y luego subsecretaria Adjunta para asuntos relacionados con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte; subsecretaria Adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental y subsecretaria a partir de 2012, la primera mujer en ocupar esa posición que tiene bajo su responsabilidad a más de 10 mil diplomáticos desplegados en 34 países del hemisferio. En esa calidad, tiene aún a su cargo las negociaciones con Cuba para restablecer relaciones diplomáticas y reabrir Embajadas en Washington y La Habana.

De obtener la confirmación del Senado, reemplazaría a Anthony Wayne y se convertiría también en la primera mujer en ocupar esta posición en un contexto especialmente significativo para las relaciones bilaterales entre ambos países. A lo largo de mi trayectoria como internacionalista interesada en las relaciones entre México y Estados Unidos, y especialmente alrededor de mi labor legislativa en estos temas, he tenido la suerte de conocer personalmente a Roberta. Sin temor a exagerar diría que la suya es una de las mentes más brillantes de la diplomacia estadounidense y una de las voces más respetadas en lo que asuntos latinoamericanos se refiere en el mundo entero. Su llegada a nuestro país hará, sin duda, una enorme contribución a una compleja y multidimensional relación que exige un mayor impulso en distintas áreas cruciales para el desarrollo y la seguridad de la región en su conjunto. Su perspectiva sobre la importancia de México como país de pertenencias múltiples, y actor esencial tanto en América del Norte como en América Latina y el Caribe, traerán una nueva y deseable perspectiva. Ojalá el nivel de interlocución entre ambos países se consolide con el nombramiento de un Embajador de México a la altura de la reciprocidad inherente a las relaciones internacionales. Llevamos ya desde mediados de febrero sin embajador en el país a donde se destinan el 81% de nuestras exportaciones.