Argumentos a debate

El Nóbel de la Paz a la defensa de los derechos de la infancia

Cada año desde hace más de un siglo, la Academia Noruega entrega el Premio Nóbel de la Paz a aquellas personas que, a su juicio, "hayan trabajado más o menor a favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz". A partir de esta definición, la mayor parte de los galardonados son personas u organizaciones directamente involucradas en negociaciones de paz, desarme y superación de toda clase de conflictos armados. Los últimos galardonados, sin embargo, recibieron el Premio por su apuesta decidida a favor de la educación y los derechos de los niños como una forma de construir la paz que anhela la humanidad hacia el futuro. El Premio se entregó conjuntamente a Kailash Satyarthi, uno de los más importantes activistas indios a favor de los derechos de los niños y contra el trabajo infantil en el mundo, y a Malala Yousafzai, un verdadero icono de la lucha por el derecho a la educación en Pakistán y la persona más joven en haber recibido jamás este importante reconocimiento. Malala y Kailash representan lo mejor de un movimiento que busca activamente la protección efectiva de la infancia ante el abuso, la ignorancia y el fanatismo. Malala fue baleada por los talibanes mientras se dirigía a la escuela. Luego de sobrevivir a este cobarde ataque, abandera actualmente un movimiento mundial para defender la educación y especialmente la educación de las niñas en las comunidades islámicas que la restringen. Kailash, por su parte, abandonó la comodidad de su empleo como ingeniero y comenzó una verdadera cruzada contra el trabajo y la esclavitud infantil en India, el país con 28 millones de menores en esta situación de acuerdo con UNICEF.

La propia Malala tuvo oportunidad de explicar la estrecha vinculación entre educación y paz nada menos que al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. Si quiere hacer algo a favor de la paz –dijo la pakistaní de apenas 17 años de edad- "en lugar de mandar soldados, mande libros. En lugar de enviar armas, mande profesores". La educación, y su aportación para transmitir valores de tolerancia, convivencia y amor por el conocimiento, es quizá una de las herramientas más eficaces para cambiar al mundo. El 12 de julio del año pasado, Malala pronunció un discurso en la sede de la Organización de las Naciones Unidas donde señaló que el derecho a la educación es exigible para todos, incluidos los hijos e hijas del Talibán y de todos los terroristas y extremistas como los que la atacaron. Su tesis, en suma, es que "un bolígrafo puede cambiar el mundo". En ese sentido, la Academia Noruega acertó en entregar conjuntamente el premio a Malala y a Kailash. Este activista indio consiguió crear organizaciones internacionales de ayuda a los niños contra la explotación infantil, boicotear los productos fabricados con trabajo infantil de por medio y lanzar una cruzada de rescate de niños explotados en minas, el campo, la industria de la construcción, talleres textiles, joyerías y el servicio doméstico. Ambos han logrado cambios trascendentales no solo en la sociedad sino en las respectivas leyes de su país.