Argumentos a debate

Japón en México: el trasfondo de la visita del primer ministro Shinzo Abe

Hace aproximadamente cuatro siglos llegó a la Nueva España la primera misión comercial y diplomática japonesa. Desde esta misión, encabezada por el samurái Hasekura, japoneses y mexicanos comienzan una larga historia de encuentros, intercambios y coincidencias. A 400 años de aquella proeza, el primer ministro japonés Shinzo Abe inició en México, la semana pasada, un periplo que lo llevó después a Trinidad y Tobago, Colombia, Chile y Brasil. Los significados e implicaciones de esta importante visita son múltiples. En primer lugar, recuerda a propios y extraños la solidez de un vínculo multidimensional que tiene en el comercio y la inversión puntos nodales y retos importantes. La comunidad japonesa y Nikkei –descendientes nacidos en México de los inmigrantes japoneses- han sido siempre promotores de la relación bilateral desde el primer Tratado de 1921 y hasta el Acuerdo de Asociación Económica (AAE) de 2005. Gracias a estos y otros mecanismos comerciales y de cooperación –a los que hoy se añaden los 14 instrumentos suscritos durante la visita- Japón es hoy el cuarto socio comercial de México a nivel mundial y el primer inversionista asiático en nuestro país. A pesar de que los intercambios comerciales se han venido multiplicando exponencialmente, la participación relativa de Japón en el comercio total de México aún es modesta y existe aún un área de enorme oportunidad aún lejos de su verdadero potencial: las exportaciones de nuestro país a Japón. En este sentido, vale la pena mencionar que México y Japón son parte de las negociaciones del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP).

En segundo lugar, esta visita tiene como telón de fondo la política exterior que impulsa Shinzo Abe. Esta política pone el énfasis en profundizar relaciones con antiguos aliados y eventualmente estrechar los vínculos con nuevos socios a fin de contrapesar el creciente posicionamiento estratégico de China en la región. No es un secreto que ambas potencias asiáticas, han encontrado en América Latina la oportunidad de desplegar importantes agendas de cooperación, diálogo político y convergencia multilateral. Por supuesto que no es una coincidencia que prácticamente al mismo tiempo tanto Abe, como el Presidente Chino, efectuaran su gira latinoamericana. Con Japón, México ha impulsado temas de la mayor importancia para la agenda multilateral que van desde el desarme y hasta el combate al cambio climático. Finalmente, aunque no menos importante, existe un vínculo cultural de enorme relevancia entre México y Japón. El siglo XX atestiguó un diálogo permanente entre el arte, la pintura y la literatura de ambos países. Gracias a los poetas Efrén Rebolledo, quien también fue Embajador en Japón, y Jose Juan Tablada, los mexicanos conocieron de primera mano la cultura japonesa. En México, la gastronomía, el arte, el diseño y la tecnología japonesa son extraordinariamente populares. Pero sería Octavio Paz el artífice de un encuentro literario y cultural de gran calado. Convendría, en ese sentido, que el primer "Instituto Octavio Paz" de la cultura mexicana que hemos venido promoviendo se estableciera precisamente en Japón, un país estratégico para el despliegue de una auténtica diplomacia cultural.