Argumentos a debate

Hiroshima y Nagasaki: 70 años del holocausto nuclear

Hace exactamente 70 años, el 6 y 9 de agosto de 1945 respectivamente, las armas nucleares Little Boy y Fat Man fueron lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en lo que han sido los únicos ataques nucleares dirigidos contra la población civil en la historia de la humanidad. El ataque precipitó la derrota del Imperio japonés en la Segunda Guerra Mundial pero a un costo altísimo cuyas dimensiones ni siquiera los aliados imaginaban. Se calcula que como resultado directo e indirecto de los ataques, más de 246 mil personas fallecieron. La propagación del envenenamiento por radiación, la leucemia y el cáncer en amplias zonas geográficas del territorio japonés aún se sigue atribuyendo a las detonaciones. Los testimonios de los supervivientes o hibakusha son realmente devastadores. Pocas estructuras y edificios permanecieron en pie en ciudades cubiertas de cenizas y una densa nube de humo. Los servicios médicos eran absolutamente insuficientes para atender a la población y el esfuerzo humanitario que tuvo que emprenderse no tuvo precedentes. Esa gigantesca bola de fuego y la nube de hongo que se posó sobre Hiroshima, se mantienen hasta ahora como imágenes imborrables de un auténtico holocausto nuclear y, por tanto, como representación gráfica de lo que la humanidad necesita evitar en el futuro.

La conmemoración por estos 70 años de aquel acontecimiento se da en un contexto especialmente desafiante. La naturaleza de la amenaza nuclear se ha transformado pero no ha quedado del todo eliminada de las peores previsiones bélicas en algunas regiones del mundo. Hoy día 9 países cuentan con 16 mil de las cerca de 17 mil armas nucleares que se almacenan en el planeta. El número y su potencial impacto son suficientes para acabar con toda forma de vida en la tierra. El carácter indiscriminado de los ataques nucleares, su absoluta incompatibilidad con principios humanitarios esenciales, y la terrible impronta de los ataques en Japón, no han sido suficientes para disuadir a todos quienes cuentan con arsenales nucleares a redoblar esfuerzos en materia de no proliferación y desmantelamiento. La expansión de zonas libres de armas nucleares –la primera de ellas, no hay que olvidarlo, fue América Latina y el Caribe mediante el Tratado de Tlatelolco que México apuntaló- la revisión quinquenal de los compromisos del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y muchas otras iniciativas como la de las Conferencias Internacionales sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares no han podido traducirse en unproceso congruente con el objetivo de proscribir las armas nucleares. Un mundo libre de armas nucleares es un objetivo no sólo pertinente sino urgente del que tenemos que remover su supuesta esencia utópica. Las negociaciones entre Irán y los miembros del llamado E3+3 constituyen, en efecto, un ejemplo de que en materia de no proliferación y desarme nuclear aún no se dice la última palabra. Los japoneses insisten en que al ser el único pueblo atacado por una bomba nuclear tienen la misión de conseguir un mundo sin armas nucleares. La responsabilidad, sin embargo, es de todos y especialmente de quienes, como México, mantenemos un histórico liderazgo en la materia desde que don Alfonso García Robles quien planteó la disyuntiva de que o el mundo acaba con las armas nucleares, o éstas acaban con el mundo.