Argumentos a debate

Ferguson: nuevo episodio del odio racial en Estados Unidos

El 9 de agosto pasado, un joven afroamericano de 18 años, aparentemente luego de haber robado un par de bebidas y algunas cajetillas de cigarros de una tienda de abarrotes, fue baleado por un policía en la ciudad de Ferguson, Missouri, en circunstancias que desde el principio apuntaron a un uso desproporcionado de la fuerza y a un despliegue de odio racial sin precedentes. Aunque en el estado de Missouri, las protestas pacíficas denunciando discriminación racial hacia la comunidad afroamericana son muy frecuentes, tenía prácticamente un siglo que no se detonaba con fuerza un conflicto racial que ameritara el ingreso de la Guardia Nacional. En efecto, saqueos y manifestaciones masivas mantuvieron en vilo la concordia social en Ferguson que no disminuyó, por cierto, con la entrada de fuerzas federales. Hasta el jueves 21 de agosto, las tensiones comenzaron a aliviarse luego de al menos dos semanas de una ciudad desbordada por el agravio y la violencia. En dos semanas, más de 80 detenidos, entre ellos 10 periodistas, un joven abatido por la policía y congregaciones multitudinarias en el lugar del ataque censurando la utilización de equipo militar para disolver las protestas. El tema atrajo la atención del fiscal general de los Estados Unidos quien visitó la comunidad y del propio Presidente Obama quien exhortó al Congreso a revisar la militarización por la que han pasado algunas corporaciones policíacas locales.

En cualquier caso, el desafortunado evento trajo de vuelta a la discusión pública sobre el estado del combate a la discriminación racial y la desigualdad en Estados Unidos. Según un estudio reciente de la Universidad de Brandeis, en los últimos 25 años la brecha de ingresos entre la población de raza blanca y los afroamericanos ha aumentado en casi el triple. Peor aún, el ingreso promedio de los hogares afroamericanos es inferior al 60% del de los hogares de la población de raza blanca. La situación económica y social de Ferguson, refleja de alguna manera un panorama nacional donde más allá de algunas notables excepciones, la pobreza, el desempleo y los bajos ingresos son prácticamente generalizados entre residentes afroamericanos. De acuerdo con este mismo estudio, la tasa de pobreza del 15% en Estados Unidos enmascara una diferencia racial fundamental: mientras uno de cada 10 caucásicos vive en la pobreza, cuatro de cada diez afroamericanos subsisten en la misma condición. Los datos son prueba contundente de la manera en que Estados Unidos, 50 años después de que el presidente Lyndon B. Johnson firmara la Civil Rights Bill y a un lustro de que Obama se convirtiera en el primer presidente afroamericano, no ha conseguido superar sus problemas raciales. Los problemas actuales mantienen vasos comunicantes con la época de la segregación racial pero están colmados de nuevos fenómenos. El paisaje urbano de Ferguson ofrece un ejemplo paradigmático. En treinta años, la pobreza se ha duplicado y, con ella, la proporción de la población de afroamericanos frente a los habitantes blancos.