Argumentos a debate

Deudas y ajustes

Al cierre de 2014, el saldo de la deuda neta de México rebasó los 7 billones de pesos, lo que representa un aumento de prácticamente 30% frente al monto de 2012. Sin duda que existen problemas coyunturales que han venido empeorando aún más este panorama. La baja en los precios internacionales del petróleo, la caída en la producción de Petróleos Mexicanos, además de un grave problema de imagen de México en el exterior que inhibe negocios y oportunidades de inversión han terminado por completar un cuadro poco optimista para el desarrollo del país en el corto plazo. No en balde el riesgo país de México, según las calificadoras mundiales, hila ya tres semanas al alza. Buena parte de la situación actual se debe a una política de gasto irresponsable que pudo haberse evitado y que rompe con un reciente consenso, a partir fundamentalmente de los años noventa, a favor de mantener finanzas equilibradas. Como advierten ya algunos analistas, nos estamos asomando al barandal de las crisis económicas sexenales de la mano de una política de déficit fiscal y deuda pública. Se calcula que el Gobierno Federal contrató deuda que, de acuerdo con ciertas estimaciones, corresponde a aproximadamente 13 mil pesos por persona. La justificación fue siempre, de la mano de la reforma fiscal, elevar el gasto público lo cual provocaría el efecto multiplicador en el crecimiento económico previsto por la teoría keynesiana. Más allá de si el efecto multiplicador no se ve por ninguna parte, lo cierto es que la aplicación del gasto fue faraónica y no se utilizó en inversiones para mejorar la productividad y competitividad del país. La prensa nacional, y ahora también la internacional, está colmada de notas periodísticas que documentan un dispendio obsceno con el dinero de los contribuyentes en los tres niveles de gobierno. En este contexto, la política de austeridad anunciada por el gobierno federal es una buena noticia pero resulta insuficiente para hacer frente a esta coyuntura. La única solución de fondo era una reforma fiscal integral que fuera más allá de exprimir a los contribuyentes cautivos, recortar el gasto público antes de que la situación se tornara insostenible y adoptar medidas serias para enfrentar el deterioro de la imagen del gobierno en el exterior.

El Banco de México lo ha admitido ya sin tapujos, existe un riesgo serio de bajo crecimiento e incremento de la deuda a pesar de la expectativa sobre la implementación de algunas reformas estructurales como la energética.