Argumentos a debate

Alto al trabajo infantil en México

No puede concebirse una sociedad justa, equitativa, democrática y humana como a la que aspiramos con poco más de 3 millones de niños trabajando en lugar de estudiar, jugar y gozar de una infancia sana y sin apuros económicos. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo y la UNICEF, un millón de ellos tienen menos de 14 años, poco menos de un millón son niñas y cuatro de cada diez abandonan sus estudios antes de concluir la secundaria. Por décadas, los opositores a una reforma que lo erradique han señalado que el trabajo infantil supone un importante respaldo a los ingresos de familias urbanas y rurales en todo el país. Hace un par de semanas, durante la presentación del programa Eliminemos el Trabajo Infantil en el marco del Día Mundial contra este fenómeno, la OIT advirtió que esto no es así. Los ingresos de los menores que laboran no son sustantivos para sus familias y, al contrario, tienen un carácter regresivo. Por cada peso ganado, los niños reducen sus oportunidades de tener un mejor ingreso en el futuro, la oportunidad de continuar en la escuela y, por tanto, la posibilidad de tener acceso a mejores condiciones de vida. Más aún, el trabajo infantil, mayoritariamente informal, expone a los menores a violaciones a sus derechos humanos, a graves peligros para su salud, integridad física y psicológica así como a un entorno que los vuelve proclives a ser reclutados por el crimen organizado o definitivamente a migrar a otros estados del país y eventualmente, cada vez más, a los Estados Unidos. De las niñas y niños trabajando en México, 25% recibe hasta un salario mínimo, 24% de uno a tres y el 47% trabaja sin recibir ninguna remuneración.

Lentamente se van registrando algunos avances en este sentido. La propia OIT celebró la reforma que aprobamos recientemente en el Congreso para aumentar la edad mínima para laborar de 14 a 15 años de edad y la creación de Comisiones Intersecretariales contra el trabajo infantil en los estados. Con esta reforma, podrán dirigirse políticas públicas focalizadas a la prevención y erradicación del trabajo infantil y proteger el acceso a la educación para que los niños, al menos, concluyan la educación básica. Por su parte, el programa "Oportunidades" ha sido una pieza fundamental en la reducción del trabajo infantil. En buena medida, gracias a este programa, el trabajo infantil en México se redujo de 2009 a 2011 según cifras dadas a conocer recientemente por el INEGI. Con todo, se trata de medidas insuficientes. Un primer problema es que las políticas públicas y la legislación tienen que articularse mejor en los estados de la República. Son tres estados (Guerrero, Nayarit y Zacatecas) los que registran las cifras más altas de trabajo infantil en el país. En segundo lugar, son los municipios rurales los que siguen concentrando las tasas más altas de trabajo infantil. De ellos, una gran proporción son municipios con amplias capas de población en pobreza extrema. Finalmente, esta cruzada requiere de una lucha previa contra la indiferencia. Algo tenemos que hacer juntos, sociedad y gobierno, organizaciones no gubernamentales y agencias internacionales, para volver a indignarnos cada vez que vemos a un niño trabajando en un crucero, en el campo o en un mercado. De ese tamaño es el desafío de orden cultural que es también necesario enfrentar.