Visita guiada

Los museos son templos, oráculos que solo existen cuando los miramos y cuya eficacia depende de nuestro nivel cultural.

La semana pasada me fui a pasear a la Ciudad de México con mi familia. Hicimos una lista de lugares a visitar, entre los cuales se contaron restaurantes, librerías, un chingo de museos, parques, el venerable, pisoteado y cambiante Zócalo y la siempre fuerte e indestructible Torre Latinoamericana. Así nos metimos una tarde al Munal (Museo de Arte Nacional) y confieso que al transitar por las salas me fui sintiendo progresivamente cada vez más tonto e ignorante; de no ser por las placas con información sobre cada corriente, siglo, estilo y autor, hubiera salido de ahí con la mente en blanco y, como dije, hecho un verdadero pendejo. En el museo Soumaya me quedé estupefacto con las esculturas de Rodin; en Bellas Artes casi lloro de la emoción con un mural de Jorge González Camarena y en el Franz Meyer me quedé media hora contemplando un cuadro del Dr. Atl. En el Museo de Antropología e Historia ocurrió algo interesante; a unos metros de la entrada una señora chaparrita se acercó y nos dijo que era una guía certificada: –Le ofrezco una visita guiada de una hora y media, -dijo; echaremos un vistazo a los teotihuacanos, toltecas, mexicas y mayas. De inmediato sentí como si se me hubiera acercado una persona en un semáforo a pedir dinero, o un molesto vendedor importunando con su histrión, algo así; pero tal sensación duró un instante: –Adelante, -dije, sin pensarlo, y entramos. En el recorrido la guía expuso claramente sus conocimientos, resumiendo y simplificando lo que debíamos saber sobre estas culturas, sus conexiones e importancia en el tiempo y la historia del país. Hicimos muchas preguntas y el recorrido exaltó nuestra curiosidad e interés por el tema. Al final agradecimos haber tomado el tour y gracias a él nos formamos una visión un poco más clara de esa fase de nuestra historia; vivimos el museo bajo una óptica muy diferente a la que estábamos acostumbrados: a pasear por las salas y apreciar una colección inerte de objetos con placas, nombres y fechas que no tienen ningún significado o sentido, solo un montón de fragmentos de rocas, barro y obsidiana, mudos e inconexos. Esa tarde entendimos cómo los mexicas tomaron cosas de los teotihuacanos y toltecas y las incorporaron a su arte, su arquitectura. De la misma forma y manera, nosotros hemos ido acumulando las distintas etapas de nuestra historia, integrando poco a poco sus cosas, de tal suerte que todos estos rasgos se van entrelazando para crear estructuras cada vez más complejas al tiempo que reveladoras, y así se va creando la imagen e idea de lo que somos.

Pero los museos son solo eso: templos, oráculos que solo existen cuando los miramos y cuya eficacia depende de nuestro nivel cultural y de que un alma piadosa e iluminada nos guíe por sus entrañas y nos vaya revelando mundos ocultos, misteriosos y maravillosos, y que al final todo tenga sentido y embone no solo con nuestra realidad inmediata, sino con la faceta más profunda que nos ha traído hasta donde estamos. Sé muy poco de arte y arqueología pero no es un tema de ser culto y erudito; es más bien una cuestión de actitud, de percibir de manera educada y sensible lo que uno vive, de dejarnos vibrar con la potencia y sutileza de esas creaciones, espacios y tiempos.

Lo que sí me queda claro es que vivimos una época donde, con tanta oferta de información y entretenimiento, terminamos apabullados y confundidos. Abordamos nuestra realidad cotidiana como un turista estúpido que entra a un museo y que solo espera recorrerlo todo rápidamente, sacando fotos y selfies y anotando que visitó tales y cuales lugares y así concluir sus vacaciones sintiendo una satisfacción falsa, sin memoria ni contenido ni mucho menos consecuencia y (¡menos todavía!) trascendencia.

Lo que necesitamos urgentemente es justamente eso: una visita guiada por la realidad, porque estamos particularmente desubicados y no hay quien nos saque de nuestra pendejez y del atarantamiento crónico que padecemos.

chefherrera@gmail.com