¡Vacaciones!

Hay personas que todo lo ven y anotan mientras beben ron y fuman tabaco y ríen despreocupadamente al momento que disfrutan sus vacaciones.

La semana pasada nos fuimos de vacaciones. Hice un recuento de todo lo que vimos y vivimos.

Llegamos al hotel "todo incluido" y lo primero que hicimos fue salir a la playa; ahí vimos mucha gente, mucho ruido, música entremezclada, irreconocible, aire húmedo y caliente, nubes que sobrevolaban cambiando su forma constantemente, fragatas, pelícanos y gaviotas y en la arena nos dimos cuenta que habían regados más crocs, vasos desechables y toallas mojadas que cangrejos.

En la noche nos bañamos en el mar y a la luz de la luna recogimos conchas y pedazos de coral y construimos castillos de arena y luego nos sentamos a beber ron, fumar tabaco dominicano, ver los barcos nocturnos, apreciar las estrellas y las luces de la costa y sentir la brisa marina; vimos varios aviones y una estrella fugaz, un solitario globo de cantolla y un objeto atmosférico no identificado. Creemos que este último procedía de otra galaxia. Después pasó un hombre desnudo y drogado balbuceando incoherencias y sacudiéndose monstruos que giraban alrededor de su cabeza (creemos que pudo haber bajado de la nave intergaláctica), dos amantes besándose apasionadamente entre las olas y dos buzos pescando pulpos en la lejanía. Más tarde me topé con un sujeto vomitándose de manera tan miserable que primero me dio lástima pero luego se me revolvió el estómago. Al regresar al cuarto vi muchos platos de comida en los pasillos afuera de los cuartos y cuyos restos de dudosos nuggets de pollo y hamburguesas de quinta categoría masticadas llenaban el aire con vomitivos aromas, gente dormida en sus habitaciones con la televisión a todo volumen viendo programas que anunciaban jugos milagrosos, cremas rejuvenecedoras y absurdos aparatos pseudo renacentistas para mantenerse en forma.

Al día siguiente fuimos a la alberca; habían macetas ahogadas en colillas de cigarrillo y servilletas, un pañal usado abajo de una silla, gente obesa creando olas gigantes y niños naufragando en ellas, animadores gritones, instructores de yoga y baile, masajistas, meseros que van y vienen sin descanso, dos gordas mirando con recelo y hablando mal de una mulata espectacularmente sensual, toneladas de gente metida en la alberca, gordos somnolientos y sudorosos echados sobre los camastros reclinables, mujeres arreglándose el cabello y sacándose selfies cada 5 minutos, personas alcoholizadas bailando "Despacito", una pareja con 8 hijos que parece no enterarse de que los tiempos de la Biblia quedaron atrás, tordos, urracas y zanates ladrones robando la comida de los platos que dejan los bañistas, aromas a cloro, repelente, algas, frituras, tabaco, cerveza y bronceador barato, gente que no para de comer nieve, orientales siempre sonrientes con ojos de fotografía y hablando en jeroglíficos, gente envuelta en toallas color café oscuro caminando en silencio como frailes en meditación, una señorita rascándole la espalda a otra y a lado un gordo sonriente sobándose la panza con una crema, vendedores de Cohiba falsos, una abuelita perdida tomando de la mano a su nieta que pega de alaridos, niños sigilosos –y uno que otro adulto mañoso– orinándose en el silencioso candor de la alberca, vendedores de tours y de aventuras inolvidables, viejitos cuchitos- chocheantes y balbuceantes, adolescentes confundidos, perdidos en sus hormonas, deambulando como zombis y gente inmersa y absorta en sus redes sociales.

Muy divertido todo.

En el aeropuerto y ya para regresar, una familia tropezándose con todos, con un niño vestido de pirata pegándole a su hermanita que llora a berridos al tiempo que la mamá grita a boca de jarro que paren de pelear mientras el papá camina a un lado bebiendo una fría y espumosa cerveza. Eso es lo que vi; ¡tanta cosa, vaya usted a saber! Olvidé incluir en toda esa fauna a personas como yo que todo lo ven y anotan mientras beben ron y fuman tabaco y ríen despreocupadamente al momento que disfrutan sus vacaciones.

chefherrera@gmail.com