La guerra

Las guerras, con sus modalidades y variantes, son muy distintas. De niño en el rancho nos sentábamos a escuchar a un hombre muy viejo relatar historias...

Algunos piensan que la violencia, los secuestros y todo lo relacionado al fenómeno del narco han disminuido. Pero eso no es cierto.

Hay lugares que están más tranquilos, otros siguen igual y en otros ocurren brotes de violencia que duran de semanas hasta meses. El problema sigue. Ese día conversaba con una mujer en la fila del súper: “-Estamos hartos de ver y escuchar sobre tanta violencia en los medios”, dijo. Mientras avanza la fila alcanzo a leer el encabezado del día: “Ejecutan a mando policiaco”. “-Ya no hay día en que no maten o secuestren a alguien”, declara. Me toca pagar. Le pido al cajero incluya una copia del periódico. Ya en casa me tomo el tiempo de leerlo detenidamente. Por lo menos en el ejemplar de hoy no vienen tantas notas relacionadas con la famosa guerra del narco o notas de secuestros. Sólo la dosis habitual. ¿Quién sabe lo que realmente está pasando? Pienso que la mayoría no sabemos a ciencia cierta lo que ocurre, ni en calidad ni en cantidad. Tenemos ideas, hacemos conjeturas, la gente habla y propone cosas, pero sólo unos pocos saben lo que está realmente detrás de todo este desmadre. Lo que no me explico es cómo ha llegado a durar tanto, cómo desparecen a una buena parte de un pueblo y no trasciende hasta mucho tiempo después, por qué se descubren fosas comunes como en los países donde se dan genocidios o guerras de verdad, y por qué a veces vivimos como si fuera algo ajeno, confinado a la televisión o la computadora. Supongo que la mayoría de las personas nos ocupamos de cosas más apremiantes: la colegiatura, los seguros, los gastos fijos de la casa y el negocio y las deudas; sabemos que existe un problema nacional serio y que eso fastidia las cosas en todos los niveles. Habrá que proyectarnos al futuro e imaginar cómo veríamos entonces este conflicto. Lo que sí es claro es que no puede resumirse en una palabra y tampoco es fácil entenderlo.

Guerra. Cuál guerra. Las guerras, con sus modalidades y variantes, son muy distintas. De niño en el rancho nos sentábamos a escuchar a un hombre muy viejo relatar historias de la Revolución. Luego mi padre recordaba las historias de aquellos viejos que habían luchado ahí, las terribles historias de cómo se mataban, de cómo robaban casas y haciendas, y cómo aquello era tierra de nadie y hacían lo que se les pegaba su rechingada gana, igual que ahorita. Así vamos nosotros a relatar, algún día en un futuro lejano, las historias de balaceras, ejecutados, de enfrentamientos entre el Ejército y los narcos, de las mutilaciones, decomisos de armas, de la manera en que mataban por igual a civiles, de los temibles secuestros, de las marchas de la gente y todo el mugrero pinche que está ocurriendo. Así vamos a poder sentarnos un día en paz a relatar aquellas cosas mientras nuestros hijos y nietos escuchan atentos. Algún día hablaremos de todo esto como una parte de la historia de nuestro país, como un montón de historias propias de una época, mezcladas ya con su toque de ficción, sus mentiras, exageraciones y reinvenciones. Y nosotros, los que lo vivimos, seremos parte de esos personajes obsoletos, cómplices de una maquinación popular que transforma lo ocurrido en lo imaginado y lo deseado, pero también en lo olvidado. Pero habrá que decirles la verdad: no hubo semejante guerra; fue sólo un periodo de crisis social muy grave, un momento donde nos alborotamos, como siempre lo hemos hecho, y como siempre, esperamos a que se apacigüe la cosa y sentarnos a ver cuánto tiempo pasa antes de que vuelva a ocurrir. Porque va a volver a ocurrir y al igual que hoy, no vamos a saber cómo resolverlo.

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