¡Estacionamiento!

Los cajones son parte de la urbanización y representan un espacio útil y específico, diseñado para que descansen nuestros vehículos.

Existe un fenómeno netamente urbano que implica autos, cajones de estacionamiento y gente emputada. Cuando uno combina estos elementos se dan situaciones peculiares y específicas. Tengo un restaurante y voy seguido al súper. Y le cuento que he visto de todo; broncas, robos, intentos de violación, una ejecución, loquitos varios, niños abandonados y, más que todo lo anterior, señoras histéricas. De esas hay más de las que uno puede manejar.

Cierto día fui con mi mujer a hacer la compra del restaurante. Fue un día extraño; el estacionamiento estaba atascado, no había lugar dónde pararse. Así me estuve dando vueltas un rato esperando a que saliera alguien, pero siempre que veía un auto yéndose ya estaba uno detrás ocupando ese lugar. En uno de esos escenarios, una señora esperaba a que alguien saliera de un cajón y tan pronto lo hizo un raudo vehículo se le metió. La señora, indignada, se bajó, le recriminó a otra señora, se hicieron de palabras, luego insultos y de ahí a los venerables y copiosos golpes y jalones de pelo. –¿Qué está pasando? -preguntó mi mujer-, se están agarrando a putazos, observé. –¿Por un cajón de estacionamiento? –Sí: por un cajón de estacionamiento.

En otra ocasión fui a otro súper y también me tocó uno de esos días en los que no parecía que fuera a encontrar estacionamiento. En frente de mí venía una señora flaca y envejecida con un peinado como de panal de abeja, muy retro, tipo finales de los sesentas. Miraba para todos lados buscando dónde meterse pero no había nada. Decidí probar suerte en la periferia del estacionamiento y finalmente encontré un lugar en la parte más remota. Hice mis compras y calculo que, entre la caminada y el tiempo que pasé en el súper habrán pasado cerca de 40 minutos. Y grande fue mi sorpresa cuando al salir, descubrí que la señora del peinado de panal de abejas seguía buscando lugar. Todo por no estacionarse lejos de la puerta y caminar.

En un tercer incidente un tipo se le metió a otro ocupando un cajón que él había estado esperando. Sí: se hicieron de palabras pero la cosa no llegó a los golpes, como a mí me hubiera gustado. Pero ocurrió algo más divertido; el agraviado esperó a que el invasor se fuera y entonces se bajó de su auto y con una llave mecánica le ralló un contundente mensaje en el cofre: "puto".

Recuerdo la película de Chazz Palminteri, Una historia del Bronx, protagonizada por Robert de Niro. Un niño presencia una riña entre dos personas que disputaban un cajón de estacionamiento y que termina en homicidio. Bellísima historia.

No me queda claro qué significado oculto tienen estos espacios rectangulares delimitados por líneas amarillas. Quizá tengan alguna propiedad mágica, una influencia capaz de proteger tanto al vehículo como a su acompañante de cualquier maleficio o tal vez sean sitios donde convergen energías siniestras que nos transforman en idiotas violentos. Vaya usted a saber.

Lo cierto es que los cajones de estacionamiento representan un porcentaje importante del total de espacios que existen en la ciudad, son parte de la urbanización y junto con parques y banquetas representan un espacio útil y específico diseñado para que descansen nuestros valiosos vehículos.

El punto es que siempre que voy al súper merodeo unos minutos por el estacionamiento a ver con qué situación me encuentro, porque casi siempre ocurre algo interesante. La última, por ejemplo, fue que un hijo (o hija) de la chingada me chocó mi camioneta saliendo en reversa. Desafortunadamente no pude hacer nada porque estaba haciendo las compras. De haber estado ahí de seguro y me doy de golpes con el conductor.

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