Utopía vegana

Me llega un anuncio en Facebook: “Día mundial sin carne: campaña que busca difundir las bondades de una dieta basada en vegetales”. Publican cada disparate. Pero los de este género captan mi atención porque soy cocinero. ¿Por qué excluir el consumo de carne? Sí: comer vegetales es bueno, pero no hay por qué quitar la proteína animal de la dieta, no tiene sentido. Qué clase de conciencia quieren crear, no lo sé, pero no es muy racional. ¿No sería mejor abogar por una dieta mixta y equilibrada? Además es un poco presuntuoso lo de mundializar la campaña, cuando hay países (el nuestro, para empezar) que no sólo les vale una magnífica y gran chingada lo de la chiflazón vegana: lo que necesitan es comer, lo que sea. En otra foto sale una pareja hermosa y sonriente. Frente a ellos, dos platos con verdura brillante reflejan la luz del sol en sus rostros. “Científicos han descubierto que el Kale tiene propiedades curativas y de desintoxicación”. El arma secreta es la desintoxicación: nos llevan a creer que nuestro estilo de vida de consumo de comida procesada, pesticidas, monóxido de carbono y plástico ha envenenado nuestros cuerpos y requerimos una solución –natural– para limpiar nuestros cuerpos. Y mentes. Porque el asunto no sólo es fisiológico: para vender estos estilos de vida vegetarianos-orgánicos-espirituales hay que envolverlos en una campaña que conceptualice temores con datos ambiguos y supuestos que nadie cuestiona y así facilitar la venta de un producto final: la utopía.

Pero así es la gastronomía de moda y momento: cada tanto salen estos anuncios saludables que gritan que el brócoli, el kale o cualquier otra planta, raíz o semilla curan el cáncer, calvicie, las voces en tu cabeza y la inflamación de la próstata. Que son muy saludables, que ya hay todo un estilo de vida generado alrededor de su consumo y que incluye yoga y birdwatching. Científicos y estudios demostraron que tienen tales y cuales propiedades y un ejército de nutriólogos new age equipados con tablas nutricionales, cuarzos y revelaciones astrales se compaginan con los medios para crear una histeria masiva y decirle al mundo que nuestra manera de comer no es la correcta y que debemos seguir sus trascendentes descubrimientos que al final nos llevarán a realizar esta utopía donde a nadie se le cae el cabello, a todos se les para, las mujeres no necesitan cirugía plástica, las mascotas pueden comunicarse telepáticamente con nosotros y las vaquitas, puerquitos y pollos ya no sufren porque somos veganos y nadie se los come. Es como un jardín del edén. Pero ese mundo dista mucho de ser alcanzable y mucho menos factible; si bien la manera en que nos alimentamos no es muy saludable, estamos mejor que hace 100 años, hemos extendido nuestro promedio de vida e inventamos el Viagra.

No vivimos mejor por comer brócoli y evitar chuletas; el avance se da por dos frentes: una mejor agricultura, que permite alimentar a más personas de manera eficiente, y una ciencia médica que nos da remedios para bajar la presión y el colesterol. O sea que además de comer las marranadas que hace años nos infartaban prematuramente, nos burlamos de la naturaleza con un par de pastillas. Eso es civilización. Lo del veganismo es una fantasía ridícula producto de una inflamación del cerebro; es una confusión cultural y no es médicamente recomendable. Entiendo el intento honesto de demandar un mejor trato a los animales, acabar con la depredación del medio ambiente y revisar nuestros hábitos alimenticios, pero asumiendo posturas radicales y estrambóticas no se va a resolver nada.

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