"Universidad Payaso"

El otro día vi un carro compacto repleto de payasos. Esperando el semáforo pude apreciarlos bien: 4 sujetos apropiadamente ataviados y maquillados, en completo silencio, inmóviles, viendo hacia el frente. ¿Qué estarían pensando? Me dejó intrigado. Uno esperaría que, siendo payasos, fueran un poco más relajados y expresivos, haciendo ruidos extraños, gastándose bromas o por lo menos riendo. Pero iban como momias. El semáforo cambió a verde y ya para arrancar uno que venía atrás volteó y me lanzó una mirada tan fría y perturbadora que hasta tuve una pesadilla.

Hace unos meses paseaba por un centro comercial. En uno de los pasillos estaban dos payasos haciendo un show. No tenían mucho público y, a decir verdad, no era muy divertido lo que hacían. En eso se acercó un niño como de 7 años y lo incluyeron en una de sus rutinas. Minutos después algo ocurrió; el niño de pronto se sintió incómodo y dio la señal de querer irse, pero los actores lo retuvieron y siguieron con la farsa. El espectáculo había pasado de chistoso a perturbador: los payasos estaban molestando al niño, se divertían con él. Comenzó a llorar pero ellos siguieron con la rutina, reían de manera siniestra: su risa ya no era aguda, espontánea y ligera; reían de manera pausada, grave y profunda. La mamá se abrió paso entre los espectadores, subió a la tarima, tomó del brazo al niño y se lo llevó. Aún riendo los payasos, con ademanes y voces fingidas, invitaban a los niños a incorporarse al show.

Nuestro país tiene todo eso que proyectan los payasos: la payasada, propiamente, que raya entre el estéril, predecible y despostillado humor de siempre y el humor negro, lo siniestro, el cinismo, lo extraño y bizarro, los deseos y actos ocultos tras un disfraz y maquillaje que muestran alegría extraña, la ausencia de claridad, y todo embrollado en un ridículo histrión que nos causa una risa nerviosa. En estos días ya no puede uno apostar por que las cosas se hagan bien y con seriedad, por eso en unos meses anunciaré la apertura de mi UniversidadPayaso, de la cual soy rector. Esto para educar a los jóvenes para sobrevivir en un país que lo único que hace son eso: payasadas. Fíjese, ya tengo definidas las asignaturas: Globoflexia. Pintacaritas. Show para adultos. Onomatopeya y ruiditos. El arte de contar chistes malos y que la gente ría histérica. Dígalo sin palabras: el mimo y su lenguaje. El terror detrás del payaso y cómo explotarlo. Burla y risa: un seminario intensivo. Psicología Payaso: cómo ocultar emociones, fingir otras y proyectarlas en el escenario. Clínica de maquillaje e historia del vestido; la estética del payaso y su evolución. El payaso y la pedofilia: un manual práctico. Payaso y crimen: historias reales. El payaso en el cine y la literatura. Payaso, malabarista y tragafuegos de avenida y crucero. Cómo fingir discapacidad para generar lástima (¡y dinero!).

Mire: miembros del clero vestidos como payasos, políticos actuando como tales, líderes sindicales que hablan como Cantinflas, seres imaginarios que parecen payasos y que una vez al año entran por una chimenea a dejarle regalos a los niños, un sistema de justicia que da risa, un sistema educativo y otro de salud manejados por comediantes, televisoras que muestran payasos disfrazados de periodistas y una economía y sistema político que parecen guión de película de Capulina. No le veo el caso luchar contra eso; es más fácil aprender el oficio y vivir de acuerdo a la realidad.

Payasos. Estamos rodeados de ellos. Es nuestra verdadera vocación. Inscripciones abiertas desde hoy.