Mi cuerpo

Ese día se me ocurrió tatuarme. Llevaba años diciendo que lo haría, pero por razones que hoy me quedan claras nunca lo hice. Razones que tienen que ver con mi mamá:

"Si tú llegas a esta casa tatuado te me largas inmediatamente", sentenció. Y es que en la prepa se me ocurrió decir que tenía intenciones de tatuarme algo.

"Tú no vas a violar el templo de Dios con tinta", me dijo, y pasó a sermonearme sobre el gravísimo pecado que era el tattoo. Lo que en realidad le molestaba era que los tatuajes lo hacían ver a uno como un reo o una persona de bajos recursos. La transgresión en ese caso no era religiosa, era más bien social. Pero siempre es más efectivo asustar a las personas diciéndoles que un ser omnipotente e invisible te va a regañar si haces ciertas cosas que a él le disgustan. El punto es hace como tres años me hice un tatuaje de un trilobite en el antebrazo, a pesar de mis 47 años y de los regaños de mi mamá, que sigue tratándome como a un adolescente. Lo cual me deja pensando sobre si realmente dejé de ser adolescente y me convertí en un adulto responsable y maduro, cosa que dudo.

Para el examen médico que me practico cada año me colocan electrodos en el tórax, me extraen fluidos, escuchan mi respiración, verifican reflejos musculares, revisan los agujeros que me conectan con el exterior, manipulan mi escroto y comprueban el estado de mi vista y audición. Buena parte de las funciones de mi cuerpo ocurren de manera automática; trabajan así desde hace millones de años. Ahora, por ejemplo, apenas y me percato de mi respiración, de los latidos del corazón o del hecho de que los riñones filtran mi sangre. Y todo esto ocurre bajo un velo fisiológico misterioso, bien estructurado y coordinado y —casi— perfecto. El cuerpo es un organismo maravilloso y raro que transporta una extraña función: la conciencia, la inteligencia. Y esta función superior sólo procede de esta biología y sólo puede existir dentro de sus leyes. Y esa increíble función es la que me permite redactar este texto ahora.

¿Cómo es que este cuerpo es "mío"? Lo decimos siempre pero yo no lo creo así. No lo siento así. La conciencia que tengo de mí mismo y de la realidad es una cosa, pero este organismo que transporta mi conciencia, que, aunque fue creado recientemente a través de un complejo proceso sexual y embriológico, lleva millones de años evolucionando, cambiando, afinando sus partes y procesos, y adaptándose a las condiciones y presiones fisicoquímicas del entorno.

Este cuerpo no es mío del todo, pertenece a un sistema mucho más amplio y que se extiende muy atrás en el tiempo.

De cierta manera somos zombis, cuerpos que se desplazan ciegamente buscando subsistir y reproducirse, sin más intención que eso. Somos la fuerza ciega de la naturaleza, el ímpetu de la vida que empuja cada segundo su propia vitalidad hacia adelante, cueste lo que cueste y a pesar de cualquier cosa. Nuestros cuerpos no son nuestros del todo: pertenecen a un orden natural mucho más extenso y profundo que incluye a todo lo vivo, a lo de este planeta y a lo que se logre encontrar en otros cuerpos celestes.

No, el cuerpo no es ni el templo de Dios ni un objeto de prueba para la medicina, es una máquina maravillosa que recicla la naturaleza a través de una fisiología increíble, y la procesa para resolver no sólo nuestra existencia, sino la del universo mismo.

Por lo pronto, he decidido volver a transgredir el templo de Dios y ponerme un segundo tatuaje. ¿Por qué? Porque es mi puto cuerpo y hago lo que quiero con él.

Sólo espero que mi mamá no se entere.

chefherrera@gmail.com