Resultados

La gente invierte su energía en esperar a que llegue el día libre para intoxicarse, no para construir su futuro.

No tenemos tacos de lengua, puchero de costilla, mole de plátano y pollo en salsa de cacahuate. ¡Ah, tampoco tenemos café!–, así me lo dijo el encargado de cocina de un restaurante que tuve hace años. ¿Por qué? pregunté furioso. Contestó que le había enviado un correo a mi mujer (que en ese tiempo se encargaba de las compras) y que no le había contestado. ¿Reenviaste el correo? Sí, pero no ocurrió nada. Cuestioné por qué no había sido capaz de hablarle al celular o, en última instancia, sacar dinero de la caja y hacer compras de emergencia en un súper que estaba ¡del otro lado de la avenida! No respondió. No sé si fue porque no pudo, no quiso o de plano se privó.

Bien. Vamos a analizar esto aquí y ahora: si tú eres el responsable de cocina debes ver que lleguen a tiempo los materiales para hacer la producción que viene en el menú. El problema es que cada que te pido me expliques por qué no hay tal o cual plato, tu respuesta es simple y predecible: otro más tiene la culpa. Qué fácil. Pero quiero que entiendas una cosa: no te pedí una explicación de por qué no eres capaz de hacer tu trabajo, te pedí una solución, y no supiste darla. No hay más.

Quiero soluciones, no excusas.

Entiendo que si no tienes la capacidad de resolver algo en particular entonces entro yo y lo arreglo, pero en tanto muestres una renuencia a resolver problemas que están dentro de tu capacidad inmediata y posible no hay justificación. O sea que eres huevón o pendejo. ¿No puedes? Hazte a un lado. Hay gente competente y motivada esperando una oportunidad para ocupar tu puesto.

Siempre que le pido algo a un subalterno y él me responde de manera vaga o de plano con una negativa recibo un claro mensaje: no hay voluntad para llevar a cabo la orden. Si tu actitud es negativa entonces no te necesito. Así no funcionan las cosas.

Todo aquí es un problema de actitud que viene de una falta de seguridad, convicción, visión, experiencia y de huevos. La gente no valora el trabajo que tiene, no entiende lo que hace o por qué. Y las cosas ahorita no están para aflojarle o para tolerar gente tibia y sin decisión; se requiere cierta rudeza y frialdad que sostengan a la pasión subyacente. El negocio donde yo estoy –la comida– es muy difícil, hay mucha competencia y todo es complicado. Son negocios de alto riesgo y no se puede uno andar con pendejadas; o se hacen las cosas bien o te sacan del juego. Se necesitan tipos duros, bien curtidos y medio locos para sacarlo adelante. Todos los demás váyanse a jugar a la comidita al kínder.

Estamos indoctrinados para echarle la culpa a otros por problemas que sólo nosotros debemos resolver de acuerdo a nuestras capacidades. Esto ocurre porque es más fácil dejarle el asunto a un tercero que asumir nuestra justa responsabilidad. No más: cada quien se ocupa de lo que le corresponde y así todos sacamos adelante la chamba. Al final nadie se queja, no hay víctimas ni culpables y se genera algo trascendente que habrá de crear cambios: resultados. Las omisiones ralentizan el progreso.

La gente invierte su energía en esperar a que llegue el día libre para intoxicarse, no para construir su futuro con el trabajo de todos los días. De veras que así está muy cabrón salir adelante.

Si no puedes hacer algo, pide ayuda. Si no quieres hacer lo que se te pide, ¿Qué coño haces aquí? Señores: vamos a hacer bien las cosas. Cada día es más difícil sobrevivir y hay que invertir mucho tiempo y dinero en proyectos que valen la pena y que hacen una diferencia. Nuestro trabajo vale no por el dinero que genera o que recibimos, vale por los resultados humanos que logra.

chefherrera@gmail.com