Religiones comparadas

¿Por qué no decirles que las religiones son sólo proyecciones de nuestros temores más profundos, consecuencia de nuestra manera de aferrarnos a la ignorancia?

A mi hijo de 8 años lo invitaron a una primera comunión. Llegó diciendo que quería hacerse católico para poder hacer lo mismo. ¿Por qué? Por la fiesta, coño. El niño no entiende nada sobre ésta (o cualquier religión), sólo capta lo que a un niño de esa edad le interesa: ¡una fiesta con pastel y regalos! En mi casa no hay dios o dioses; mis hijos crecen sin religión pero observando reglas morales y éticas. No los asusto diciéndoles que si no las siguen irán al infierno y pendejadas así; inculco en ellos el sentido de responsabilidad social, civismo, ética y sentido común. No hay que engañar a nadie aquí. El problema es la confusión que la religión predominante genera en ellos; los hace creer que es algo bueno, verdadero y necesario. Para soslayar esto, me di a la tarea de explicarle cómo existen muchas religiones y creencias y cómo éstas han cambiado con el tiempo y cómo todas aseguran son las únicas ciertas y verdaderas. Le digo que si una religión se considera la única y verdadera, todas las demás deben estar equivocadas, pero el problema es que no hay manera de saber cuál es la que dice la verdad. O sea, que todas son falsas.

¿Por qué no decirles la verdad a nuestros hijos sobre las religiones? Advertirles que no aportan nada bueno ni en materia moral ni filosófica, que son monstruos inermes, caducos, que se vienen arrastrando desde hace milenios por las arenas de historia y la memoria colectiva. ¿Por qué no decirles que las religiones son sólo expresiones de nuestros anhelos, proyecciones de nuestros temores más profundos, consecuencia de nuestra estulta manera de aferrarnos a la ignorancia? Que no es falta de imaginación; es pereza, estupidez mental seguir creyendo y confiando en instituciones que nada aportan al bienestar de la sociedad y en cambio la explotan, esclavizan, engañan y envilecen.

Nuestra Constitución advierte sobre los peligros de permitir que la religión intervenga en los asuntos civiles, políticos y educativos. Seamos objetivos: la religión no debe enseñarse ni permitir que se ejerza en las escuelas. Lo que sí debe hacerse es poner como obligatoria la materia de Religiones Comparadas, para que la infancia se entere de la verdad. Le aseguro que esto tendrá consecuencias graves, porque va a generar tensión en las casas. Enseñar la religión desde una óptica antropológica y sociológica llevará a estas generaciones a cuestionar la validez de sus creencias, de cualquier creencia. Y si a esto añadimos una revitalizada y actualizada materia de filosofía, veremos a estos niños convertirse en seres pensantes que entenderán que un sistema que promueve y fuerza creencias y principios absolutos —y obsoletos— incuestionables y que penaliza el cuestionamiento y la libertad de pensamiento no tendrán otra opción que considerarla como equivocada y detrimental y que atenta de manera fundamental contra todo esfuerzo de una sociedad por alcanzar su libertad y felicidad. Pero lo de la educación laica en México es una fantasía hipnótica y legal que en el fondo funciona a medias. Y esto porque seguimos confundiendo una manifestación cultural y fenómeno social con la ensoñación metafísica. Existe una tensión esencial, inconsciente, entre lo que los padres hacen y les dicen a sus hijos en sus casas y la poca insistencia del sistema legal y educativo por enfatizar la laicidad. Decirles a nuestros hijos que sólo existe una religión verdadera es sembrar en ellos la intolerancia.

No hay de otra, les decimos la verdad: no hay una religión verdadera y creerlo va en contra de nuestro bienestar y nos hará malas personas.

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