Pesas

No todo lo que se hizo en la antigüedad posee el valor que se le adjudicó entonces, y hoy tenemos no sólo deportes, sino actitudes claramente caducas y obsoletas.

De niño teníamos una competencia que consistía en caminar lo más rápido posible de un principio a una meta con una cuchara en la boca con un huevo encima. El primero que llegara con el huevo, ganaba. Era divertido y había que tener mucho balance para lograrlo. Hay pasatiempos que no termino de comprender. Levantar pesas es, por mucho, el más enigmático de todos. Los he visto en la tele y en las competencias y me sorprende que la gente se emocione viendo eso y que, encima, aplaudan. Supongo que esta actividad se generó en las brumas del tiempo y la historia, en una época donde aún no se tenían claras las características de un deporte serio y estructurado (como el beisbol) y todavía estábamos en la etapa de ver quién arrojaba una roca más lejos. De hecho, el conocido lanzamiento de bala surgió de una contienda de carácter pueril. Sorprende lo primitivo y tonto que esta actividad supone; pasar meses desarrollando músculo para levantar discos de fierro unidos por una barra y estresar el cuerpo al borde de lesiones graves, tanto inmediatas como crónicas. Lo más curioso es que haya sido elevado a deporte olímpico.

Hay que entender que no todo lo que se hizo en la antigüedad posee el valor que se le adjudicó entonces, y hoy tenemos no sólo deportes, sino actitudes (y hasta filosofías y religiones enteras) claramente caducas y obsoletas. Hay cosas que debemos dejar atrás. El caso es que levantar pesas y arrojar una lanza y esfera de acero para ver qué tan lejos llegan no son un deporte: es una contundente falta de imaginación y de tener algo mejor qué hacer. ¿Ve usted esos guijarros apachurrados que de niños arrojábamos al río o lago y rebotaban varias veces contra la superficie del agua y así medíamos quién lograba más contactos hasta que la roca perdía inercia y se hundía? Bueno, pues eso tiene más sentido —y es más divertido— que levantar pesas o arrojar la pesada esfera de fierro y nadie lo propone como deporte olímpico, ¿verdad? Además, uno no se arriesga a que se le rompa la columna en dos.

Hay quien puede argumentar que en verdad se trata de ver cuáles son los límites físicos de la máquina humana, pero todo se viene abajo cuando descubrimos que existen máquinas creadas por nosotros que hacen mejor ese trabajo. Tampoco tienen estas actividades un sentido artístico, social o científico. Como dije, es pura cuestión de ver quién logra mejores puntajes. Es perder el tiempo, sucintamente puesto. Pero no quiero generalizar; el mismo argumento podría aplicarse a las carreras y otras cosas similares. Pero no es lo mismo: en carreras y maratones se dan elementos cambiantes que logran que la contienda tenga variantes que generan emoción y que además hacen que el deporte sea a ratos impredecible. Y si tomamos a los que hacen clavados, ahí tenemos elementos que se relacionan con la danza, y entonces añadimos un elemento más complejo que lo hace interesante. Y no se diga la gimnasia, que a mí me pone los nervios de punta y se dan auténticas batallas por generar las mejores rutinas. Pero ¿levantar pesas? Es de brutos y trogloditas. Resumiendo: no son deportes, son vestigios de un pasado primitivo en el cual nos la pasábamos arrojando objetos para matar animales y para matarnos entre nosotros mismos. Hay que avisarles a estos atletas, antes de que se inscriban en las próximas olimpiadas, que ya pueden dejar de perder el tiempo en pasatiempos tontos y encontrar algo mejor qué hacer. Por lo pronto, propongo elevemos la caminata de cuchara con huevo en la boca a deporte olímpico. Será algo trascendente.

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