Opiniones

Es bueno ese libro?, preguntó. Le dije que a mí me había gustado mucho. Es que en el sitio web donde lo venden vienen varias opiniones y muchas no son buenas, me dijo. Después me enteré que no había comprado el dichoso libro porque las opiniones no habían sido favorables y había perdido confianza e interés.

Siempre que compras un libro, los editores ponen en las solapas o en la contraportada opiniones, juicios, comentarios de revistas y periódicos de autores y críticos y hasta de personajes inventados que alaban al autor y a su obra. Algunas de esas opiniones parecen esquelas, otras supuran una sabiduría inaccesible: "La obra remite a los espacios imposibles de la conciencia absoluta de la percepción cósmica", y otras más caen en la alabanza religiosa: "Esta novela está a la altura del Quijote". Imagínese.

Opiniones. Sólo eso. Tú, yo, todos tenemos una. Sí: nuestros puntos de vista son válidos, quizá para nosotros nada más, o para nuestros familiares, amigos y fans. Pero ya cuando queremos validar esa opinión para que sea escuchada por una muchedumbre (generalmente no especializada en tal o cual tema) hay que tener una cierta autoridad dada por la experiencia, el buen juicio y la erudición.

De otra manera no veo cómo tomar en serio las opiniones de cualquier pendejo. Y de esos hay muchos, y, peor: tienen a su alcance las poderosas redes sociales, a través de las cuales pueden hacer creer a muchos que su opinión pesa. Pues no: no hay que engañarnos; hay que ser muy selectivos con lo que leemos, cuestionar las capacidades de quien escribe y depurar esos intentos de crítica. Cuidado con las opiniones, tanto de las que vienen impresas en los libros como de las que se publican en redes. Entiendo que muchas son parte de una maquinaria de publicidad, pero en el fondo uno quiere vender no por vender, sino porque realmente creemos que nuestro producto es bueno, comunica algo importante y posee la capacidad de crear un cambio.

Claro que si uno lee en la contraportada algo así como "prólogo de Octavio Paz", pues bueno, hay que confiar en que la obra es buena pues viene avalada por una autoridad. Pero eso no garantiza que le vaya a gustar a todos, que la vayan a entender o a saber apreciar. Las cosas tienen su límite.

Uno compra un libro a través de varios mecanismos; porque nos lo recomendaron, porque se ganó un premio o porque leímos un resumen en alguna parte, entre otras cosas. Y así decidimos. Pues yo le digo algo: al carajo con las opiniones de las solapas o la contraportada de los libros; son como voces esquizoides, como un ruido de fondo o como esa gente que de pronto se involucra en una conversación a la cual no fue invitada.

Los libros hay que leerlos, por encima de las opiniones de los doctos, los alterados, los promiscuos de la literatura, los iluminados, los adivinos, los sabelotodo, los finos, los sensibles y los delicados, los alcohólicos que esputan verdades y destilan reflexiones trascendentes y los decrépitos literarios que por saber mucho y tanto lo han olvidado todo.

Ni solapa, contraportada, prólogos, prefacios, prepucios, fe de erratas, advertencias, notas del editor, notas del traductor, notas al pie de página, notas sobre notas, sugerencias, dedicatorias, índices ni páginas dejadas deliberadamente en blanco: váyase directito a la primera página, capítulo o parte y déjese de pendejadas.

Leer es un asunto privado, íntimo: que nadie se meta en ese ritual. Ubique el libro dentro del tema que le interesa y empiece a leerlo; si no le gusta, pues a la mierda y ya. Es preferible que sea usted quien discierna si le gusta o no a hacerle caso a un tercero. Disfrute su lectura.


chefherrera@gmail.com