Noche de brujas

Todos los años, lo mismo. Primero los cristianos (y católicos) empedernidos satanizando el festejo. Luego los nacionalistas desgarrándose el zarape al pie de la estatua de Benito Juárez. Ya les había dicho que Halloween y Día de Muertos no son mutuamente excluyentes, pero eso no les importa: la cosa es hacerla de pedo.

Entiendo que para el centro y sur del país una tradición como Halloween parezca un tanto invasiva, pero acá en el norte es de lo más normal. Además es una fiesta prácticamente para niños, así que no mamen.

Ni atenta contra los supuestos valores nacionales ni le hace cosquillas a Satanás. En el fondo se trata de una reacción en contra de algo que interpretamos como extraño y que representa un peligro para nuestra idea de identidad y para los principios morales que nos rigen.

Es un fenómeno cultural que debe atenderse porque la historia del país está repleta de este tipo de cosas; cuando llegaron los españoles, impusieron sus creencias, lenguaje y sistemas de gobierno. Con el tiempo se fueron mezclando las culturas y así tenemos una mezcla bien interesante y eso es lo que somos.

En cocina ocurrió más o menos lo mismo: a medida que avanza el tiempo los recetarios reportan cambios que se relacionan con hechos históricos concretos: invasiones, migraciones y así. ¿Se imagina nuestros moles sin la adición de especias orientales? ¿O la intelectualidad mexicana sin la aportación de refugiados españoles de la Guerra Civil? A eso me refiero.

Este es un país de mezclas, de experimentos; un país donde todo se mueve, combina y evoluciona y así se generan nuevas condiciones y códigos de identidad. No existe la pureza en nada, excepto en las sustancias químicas. Ni en la genética ni en los procesos culturales. Y es lo que nos hace falta reconocer.

La religión es un fenómeno culturalmente integrado a nuestra historia pero no hay que tomarla tan en serio ni darle tantas libertades.

Con el Día de la Raza da risa cómo salen sujetos vestidos de matachín dando de brincos y pegando de alaridos, reclamando respeto a los pueblos indígenas que fueron saqueados y violados. Mire, lo que ocurrió hace 500 años es historia. Los indígenas de ahorita pues, ¡son de ahorita! El legado que arrastramos todos es justamente ese: el de la totalidad de la historia que nos ha traído hasta aquí. Decía en una editorial hace unos años que el verdadero padre de México no era el cura Hidalgo, era el capitán Cortés: fue el primero en oficializar el mestizaje y su contundente y brillante victoria militar y diplomática crearon el inicio del México moderno. Lo acusan de genocida y un montón de cosas más. Sea usted tan amable de estudiar otras guerras e invasiones en todo el mundo y todas las épocas para que distinga un común denominador. ¿Esperaba que una potencia militar en el siglo XVI llegara con los avances en filosofía, derechos humanos y diplomacia que tenemos hoy? Pues no; no podemos juzgar hechos de otro tiempo bajo los estándares modernos, no es justo.

Dejemos de pegarle al drama aquí: si nos vamos a disfrazar de indígenas o matachines, que sea para festejar Halloween, y si nos vamos a enojar porque Halloween atenta contra los valores religiosos y nacionales oficiales, es hora de integrarlo a esa agenda y dejar de asustarnos por algo tan normal en la historia de nuestro país, que es la inclusión y fusión de elementos extraños que con el tiempo se vuelven propios. Dejemos de estar atados a locuras religiosas y fanáticas que pertenecen al pasado y reconozcamos la vastedad cultural que nos distingue y define.


chefherrera@gmail.com