Moralistas

Me emputa que llegue alguien a decir que algo está bien o mal sólo porque su religión así lo dice.

A estos moralistas que sienten que las iglesias católica y cristianas los tienen subsidiados les encanta emitir juicios sobre cómo las personas deben ser y comportarse. Y no hablo del intento genuino por abordar el tema moral y ético desde una óptica netamente filosófica. Recuerde que estos piadosos no son filósofos, son creyentes fanatizados de una fe que obliga a creer en dogmas que no pueden modificarse.

Entonces, si su religión dice que hacer tal o cual cosa (o ser tal o cual cosa) es malo, no hay lugar para debate o discusión: usted acata órdenes o corre peligro de cometer pecado. ¿Qué pasaría si sometiéramos esos edictos morales absolutos a escrutinio filosófico? Nos libraríamos de siglos de mojigatería, doble moral e hipocresía, y estaríamos más al pendiente de cómo comportarnos de acuerdo a ciertas circunstancias. Pero estamos lejos de llegar a eso.

El otro día una señora se puso a decirme que estaba muy molesta con Juanchito, su sobrino, porque lo había sorprendido drogándose con mariguana. Para empezar, la decisión de Juanchito fue de él, de nadie más, y segundo, no pidió su opinión sobre si está bien o mal fumar mota. ¿Le hace daño a alguien? No. Entonces, no se meta.

La señora insistió en que aquello era moralmente reprobable. "Esa es una opinión", le dije; "si quiere, puede escribir una atenta carta exponiendo las razones por las cuales usted cree que Juanchito no debe quemar yerba y convendría que se la entregara personalmente, con copia al párroco del templo que le corresponde".

La señora me hizo un gesto que decidí no interpretar y dimos por concluida nuestra charla.

En otra situación, un proveedor se quejaba de que su hija estaba saliendo con un patán. ¿Qué lo identifica como tal? ¿La golpea? ¿Se dedica al narcomenudeo? Nada en particular, sólo el hecho de que al papá no le late ese muchacho.

"Lo que puedes hacer", le dije, "es buscar la manera de que tu hija permanezca soltera por el resto de su vida". A él tampoco le pareció mi solución.

En otra charla me entero que una cierta dama prefiere salir con hombres menores que ella. No entendí la queja, pues a los hombres nos gusta salir con mujeres menores que nosotros, por lo que al preguntar el motivo de este pecado, me contestaron que "no está bien" porque así lo sentían, pero nunca pudieron dar una buena razón. La masturbación, la pornografía y la prostitución son otros de esos fenómenos que no pueden ni siquiera mencionarse en público, pero que todo mundo ha experimentado con ellos.

El problema de fondo es la falta de reflexión. No nos preocupamos en cuestionar ciertas cosas que son fundamentales, conductas que nos llevan a ser felices o miserables en nuestra vida. La solución que aplicamos es tonta: confiar en una agenda dogmática basada en un libro primitivo que contiene todas las aberraciones hechas por el ser humano en su historia. Si ésa es la base para formular un código de comportamiento moderno, vamos directo al fracaso.

La moral se construye bajo consenso, no con dogmas, chantajes, alucinaciones y mentiras. Las iglesias católica y cristianas no poseen ninguna autoridad moral para decirnos cómo debemos comportarnos. De hecho, sus reglas envilecen a la sociedad y crean desajustes psicológicos graves. Que no lo engañen.

El comportamiento humano no es un asunto que pueda quedar encapsulado en una serie de reglas; es un fenómeno muy complejo y cambiante y debemos cuestionarlo constantemente. Hay que ponernos a pensar en serio sobre lo que sentimos y creemos y cómo esto afecta nuestra conducta. Nuestra felicidad y la de otros depende de esto.


chefherrera@gmail.com