¡Hola!

Todos los días reviso mis mensajes en redes sociales. Hay de todo: saludos, concertación de citas, preguntas sobre el menú de mi restaurante e invitaciones para eventos. También hay otra clase de mensajes, y caen dentro de una categoría aparte: la de la gente que está crónicamente aburrida y que no tiene nada que hacer. Casi todos sus recados llegan de esta manera: "¡Hola!", "¿cómo estás?", "¡qué tal!", y así.

Hay que enterarse de algunas cosas; primero: si quieren algo en particular, díganlo. No me gusta conversar virtualmente, me abruma. Sea conciso y tenga bien claro qué es lo que quiere comunicar y con qué finalidad; la probabilidad de que le respondan aumentará. Pero si es una pendejada, olvídelo.

Segundo: no necesito amigos, con los que tengo me doy por servido.

Tercero: tengo mucho que hacer y no me alcanza el tiempo para hacer todo, así que ponerme a chatear con desconocidos es lo último que tengo en mi agenda.

Cuarto y último: hay profesionales de la salud mental que pueden ayudar a corregir este fenómeno de soledad que ataca a las personas que no tienen vida social fuera de su ordenador.

La realidad está allá afuera y no es sano sustituirla por el fenómeno tecnológico de las redes sociales virtuales. Alienarse puede complicar la vida de las personas; esto de vivir una "realidad alternativa" es puro cuento: se vive la realidad que es o se le niega, pero no se le puede sacar la vuelta mucho tiempo.

La única realidad alternativa de verdad que yo conozco es la de los que padecen de esquizofrenia. Lo cierto es que las redes sociales nos quitan muchísimo tiempo, y lo hacemos deliberadamente porque ya nos hemos acostumbrado a ello y porque es parte fundamental de nuestra cotidianidad. Y ese es un fenómeno que se debe revisar a fondo porque ya ha cambiado la manera en que nos relacionamos y ha condicionado nuestra manera de percibir la realidad. Pasamos más tiempo comunicándonos a través de dispositivos electrónicos que frente a frente.

¿Y eso qué tiene de malo? Preguntará usted; pues todo: no somos robots. Somos seres biológicos que evolucionaron desarrollando estructuras de comunicación muy complejas que involucran captar las sutilezas de los músculos del rostro y sus cientos de combinaciones, los movimientos de brazos y los signos que hacemos con las manos y los tonos de voz que usamos, con deflexiones y cambios y todo esto transmite una cantidad enorme y muy compleja de datos que nuestros cerebros procesan para establecer conexiones profundas y efectivas. No estoy seguro que sustituir este proceso por un simple intercambio de saludos, mensajes con faltas de ortografía tremendas y absurdas, fotos de gatos y videos chuscos sea lo más adecuado.

En mi nunca humilde opinión, estamos haciendo mal uso de la tecnología y vamos directo y rápido a una desnaturalización del lenguaje y como consecuencia veremos una corrupción creciente y progresiva de nuestras relaciones y, peor: de nuestra manera de percibir la realidad. Porque el sistema de intercambio de información que nuestros cuerpos generan fue lo que nos trajo aquí en primer lugar, y eso nos conectaba con la naturaleza.

Los instrumentos que usamos para captar la naturaleza: telescopios, microscopios, termómetros y así, son sólo extensiones de nuestro sistema nervioso, no sustitutos del mismo. Lo mismo va para las redes sociales: no se puede crear una sociedad real en ellas. Coño, ya parece pesadilla de ciencia ficción.

El punto es que si usted me dice "hola" en la calle le correspondo y hasta podríamos conversar, pero la próxima vez que me pongan un "¡hola!" en redes sociales espere recibir un "adiós" instantáneo. Por su atención, gracias.


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