Entrevista

Estoy muy comprometido con mi trabajo y mi sociedad. Si no lo hice de joven, hoy ya no es momento de hacerlo. Hay mucho qué hacer. De aquí soy y aquí me quedo.

Hace unos días le pedí a un amigo periodista que me entrevistara para el artículo de esta semana. Aquí el texto:

P: ¿Qué considera que debe hacerse para que México salga adelante?

AH: Dejarle el manejo del país a gente competente, inteligente, determinada y disciplinada; alemanes o japoneses, por ejemplo. Eso o de plano venderlo. O rentárselo a otros. No estamos capacitados para sacarlo adelante bajo el esquema democrático actual. El sistema político pone a los más ineptos y corruptos a manejar las cosas y pues aquí está el resultado, sin ir más lejos.

P: ¿México tiene un futuro promisorio?

AH: Si dejamos que alemanes o coreanos lo manejen, sí. Pero si seguimos administrándolo nosotros, no. Un día nos van a invadir y nos lo van a quitar. Sí es posible, pero la probabilidad de que ocurra es tan minúscula que se necesita un milagro para verlo. Entonces, la respuesta es no.

P: ¿Por qué somos tan pasivos los mexicanos?

AH: No somos lo suficientemente agresivos; vivimos embebidos en una cultura que derrocha fanatismo, promueve la borrachera como pasatiempo, los asuetos son motivo de orgullo, la palabra “mañana” nunca se transforma en “hoy” y vivimos obsesionados con el “ayer”. También porque vivimos asustados; por la religión y las consecuencias de nuestros “pecados”, por el temor a la violencia y por no querer confrontar las cosas de manera inteligente. Somos predominantemente emocionales, dejamos el raciocinio como última alternativa. Hay que tomarse más en serio eso de “mexicanos al grito de guerra”: una guerra contra estos vicios mentales.

P: ¿Cree en México? ¿Cree que podamos resolver nuestros problemas?

AH: No se trata de creer, suponer o esperar; es cuestión de observar lo que está ocurriendo, planear una solución, ponerse de acuerdo y arreglar este gigantesco desmadre. Pero es justamente lo que no estamos capacitados para hacer. Por eso estos problemas siempre van a existir. Lo mejor es irse a vivir a otro país que ofrezca mejores oportunidades. Tengo muchos amigos que se fueron… no vea lo felices que son, por encima de su nostalgia.

P: ¿Usted se iría a otra parte?

AH: No. Estoy muy comprometido con mi trabajo y mi sociedad. Si no lo hice de joven, ya no es momento de hacerlo. Hay mucho qué hacer. De aquí soy y aquí me quedo.

P: ¿Todo es tan oscuro como lo pintas o existe una posibilidad de cambio?

AH: Tampoco soy tan pesimista; el cambio se ha estado dando a lo largo de los años pero de manera fragmentada y sin organización. A veces avanza rápido y otras se estanca y olvida lo que ha logrado. No hay constancia y eso es lo peor que puedes hacerle a un proceso.

P: Su opinión sobre el Presidente.

AH: Hace unos días un amigo me dijo esto: “tenemos un Presidente muy confundido”. Sospecho que quiso decir otra cosa, pero dejémoslo ahí.

P: Su opinión sobre la inseguridad.

AH: La violencia lo que hizo fue algo paradójico: unir al país bajo una liturgia de temor y muerte. Claro, lo disgrega y fragmenta, pero en un país tan grande y socialmente variado la violencia vino a generar una sensación homogeneizante que se propagó por todos los estados e hizo a un lado las diferencias culturales y regionales. Nos guste o no, la violencia e inseguridad es hoy un importante factor de identidad. Nos estamos transformando en algo ominoso y abominable. Eso es un cambio nefasto que debemos revertir.

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