Educación

Mira nada más; los jodidos son rateros y los que tienen dinero, cleptómanos. Qué diagnóstico tan sociológicamente conveniente. Son faltas de comportamiento.

En un supermercado de Santa Catarina hay un mueble grande con muchos compartimientos con dulces de todo tipo. En la sucursal de San Pedro hay uno igual, pero en el de Santa están sellados con cinta adhesiva. Le pregunté a un dependiente el porqué de esto, y contestó que por cuestiones de higiene; “la gente mete la mano a los dulces y puede infectarlos”. Suena convincente pero eso no es cierto. La verdad es que los dulces están cerrados porque la gente es corriente y chafa y no toma una pequeña muestra: se los comen todos y se los echan a la bolsa, cosa que no ocurre —por lo menos no en cantidades significativas— en los súpers de la misma cadena de San Pedro. No sé si es porque en San Pedro la gente con dinero hace lo mismo pero no les dicen nada porque la diferencia de lo que gastan lo hace rentable (es mínima la pérdida) o porque realmente hay más educación y civilidad. Cuando le pregunté al dependiente de San Pedro si robaban muchos dulces ahí, contestó que no tanto, pero que la mayoría eran cleptómanos. Mira nada más; los jodidos son rateros y los que tienen dinero, cleptómanos. Qué diagnóstico tan sociológicamente conveniente. La verdad es que son faltas de comportamiento y el problema es generalizado. Seamos justos: hay gente chafa, cochina, mal educada y obscena; no tienen una mínima conciencia cívica, sentido común o respeto por los acuerdos tácitos bajo los cuales funcionamos como sociedad. Bloquean un pasillo con sus carritos, se detienen a la mitad de la puerta a contestar el teléfono o a contemplar estúpidamente algún producto, abren productos y los consumen sin pagarlos.

Hace unos meses llevé a cabo un experimento para ver cuántas personas se lavaban las manos después de orinar. Me metí al baño de un concurrido restaurante y ahí me estuve como media hora. Contabilicé 50 personas. ¿Sabe cuántos se acercaron al lavamanos después de manipular su sucio y grasiento pene en el mingitorio? Cinco. Sólo cinco individuos tuvieron la educación de lavarse las manos. El resto de esos pinches marranos salieron tan campantes rascándose la cabeza a saludar gente. Es un asunto de higiene. Y el baño, además de tener jabón líquido, contaba con uno de esos despachadores de galón de gel antibacterial, así que no mamen.

Sin ir más lejos: ayer de vuelta del trabajo iba por una calle de dos carriles que se convierten en uno, y así debes ir dejando pasar carros. Le permití el paso a uno y luego me metí yo, pero la señora que venía detrás se puso histérica y comenzó a pitarme y a hacer aspavientos. Siguió así un rato más, echándome la luz alta y mentando madres hasta que se fue por otra calle.

La ciudad es una mezcla de histeria, falta de paciencia, educación y sentido común. He estado en muchas ciudades y la nuestra tiene un problema serio. Si se fija, tampoco es la más limpia; basta con que llueva un poco para ver cantidades de basura inconmensurables flotando por calles y avenidas. La ciudad refleja lo que somos, nuestros hábitos, vicios, costumbres y, más que todo lo anterior, omisiones. Existe una falta de interés por las cosas que nos son comunes. Y no hay que esperar a que el gobierno municipal haga todo; lo que hacemos o dejamos de hacer tiene un impacto estadístico, acumulativo.

Estamos faltos de hábitos correctos y llenos de vicios y malos entendidos sobre cómo debemos comportarnos. ¿Acaso no fuimos a la escuela? ¿No nos enseñaron a comportarnos de manera cívica en casa? Hay algo profundamente descojonado aquí y la única manera de arreglarlo es reeducándonos.

chefherrera@gmail.com