Currículum

Dedican una sección titulada “metas en la vida”, “valores” y cosas así, y ahí se leen cosas que a leguas se ve las sacaron de libros de Coelho y Carlos Cuauhtémoc Sánchez.

A cada rato me los mandan. Nunca me ha quedado claro para qué sirve el chingado currículum. He visto unos que abarcan hojas y hojas y parece que nunca terminan. “Trabajé aquí, luego me fui para allá, y después terminé por acá”. Lo que uno hizo sí es importante, pero valoro más lo que una persona hace ahorita, que ya tiene experiencia encima, y a partir de ahí podemos evaluar su potencial. Logros y trabajos que uno hizo se acumulan en experiencia y eso se traduce en capacidad y competencia. Bueno, no siempre: conozco gente que lleva años haciendo las mismas pendejadas (y les pagan por eso). A mí no me gusta decirle a otros dónde he trabajado; más bien quiero que vean lo que hago y de lo que soy capaz. Todos tenemos una historia, repleta de cosas de toda clase y que la memoria aborda cada tanto para extraer información. El progreso depende de qué tan buena memoria tengamos y de nuestra capacidad para invocar recuerdos específicos en el momento correcto.

Una vez llegó un cocinero a pedirme trabajo. En su resumen venía que era una persona “muy católica”. Lo de “muy católico” me pareció sospechoso y de inmediato lo cuestioné. “Esto es una cocina, no un templo”, le dije; “¿de qué me sirve que seas tan católico?”. “Tengo valores y me entrego a la voluntad de Cristo”, respondió. Lo eché. Y no es que discrimine a los católicos, pero el hecho de que se crean moralmente superiores al resto me molesta. Además, en mi cocina no puede uno entregarse a la voluntad de Cristo, Dios o cualquier otro personaje invisible: te pones a mis órdenes y punto. Otro llegó con un traje nuevo y su resumen tenía el grosor de una Biblia. Lo del traje nuevo me pareció exorbitante porque no soy modisto y ése no es el uniforme que se necesita para trabajar en una cocina, y en cuanto comencé a leer su CV quedé sorprendido: una serie de ensayos pésimamente redactados me enseñaron que su verdadera vocación era la de escritor de novelas y guiones de cine porno. También leí uno donde el aspirante relataba cómo su familia había salido de la pobreza en un pueblo y ahora prosperaban en la ciudad. Conmovedor. Luego llegó otro y prácticamente puso en sus metas quitarme del puesto y quedarse con mi negocio. Le sugerí abriera el propio, para probar las mieles del estrés, el fracaso y las deudas. Nada tan emocionante como toparse con la realidad.

Ponen cada mamada, pero casi siempre dedican una sección titulada “metas en la vida”, “valores” y cosas así, y ahí se leen cosas que a leguas se ve las sacaron de libros de Paulo Coelho y Carlos Cuauhtémoc Sánchez. Hay personas que confunden el currículum con una biografía.

El currículum no es garantía de que la persona que muestra puestos, cursos y diplomas vaya a desempeñarse de acuerdo a lo que presume; me ha tocado ver todo lo contrario. Mucha gente le mete tanta cosa a ese resumen pero lo que en verdad vale es lo que hacen, los resultados. Ése es el mejor currículum. ¿Por qué? Porque el papel puede decir dónde trabajó pero no cómo lo hizo. Le doy un consejo: cuando busque trabajo, concéntrese en dar una buena imagen, sea honesto y déjese de tonterías.

Lo importante es no confundir un currículum con una novela de acción. Es una referencia práctica, no un examen psicométrico, biografía o tratado filosófico.

Como quiera les paso el mío, por si se ocupa:

Nací por ahí, en algún año.

Hice muchas cosas y hoy hago otras.

Todavía no me muero.

chefherrera@gmail.com