Cuaresma

En estas fechas todo mundo anda piadoso y mesurado; pero en el fondo esperan dos cosas: que los niños salgan de la escuela y que lleguen las vacaciones.

Los supermercados son sitios muy interesantes porque reaccionan de acuerdo a las temporadas, tanto a las astronómicamente determinadas como a las definidas culturalmente. De acuerdo a la temporada en turno, que no es otra cosa que una especie de moda forzada, nos venden una serie de productos y con ellos, una manera sugerida de vivir. Ejemplo: paseo por los anaqueles y veo asadores, goggles de buceo, cremas para el sol, sombrillas y así. El mensaje es claro: sal afuera, mójate y come carne asada. Pero también es época de Cuaresma, y para los católicos, eso significa que deben respetar una dieta: son días de guardar. No como el Ramadán del Islam, pero más o menos.

Entonces verá usted el refri de los mariscos con ruidosas ofertas, las compañías de atún y sardinas regalando artículos con la compra de su producto y las vendedoras que se ponen entre los pasillos ofreciendo productos varios, entre ellas una que hizo el otro día un caldo de pescado y la verdad, estaba muy bueno, cantinero y especiado. Además, está de moda esto de canonizar a Karol Wojtyla, el extinto papa Juan Pablo II, y con ello ahora están vendiendo unas veladoras muy monas con su foto y una oración especial. Fíjese nada más. Eso me pone un poco nervioso, porque se trata de un personaje que ocultó deliberadamente los abusos sexuales cometidos por sus sacerdotes —durante décadas— pero más importante: se hizo el de la vista gorda con el marranísimo asunto de Marcial Maciel. De ese viejo cochino no voy a hablar hoy, pero hay mucho que decir de él.

El punto es que, al par de la primavera con sus salidas al balneario y las carnes asadas, los católicos deben hacer una supuesta penitencia y evitar la carne ciertos días. Es como un vegetarianismo forzado pero momentáneo. Lo interesante es que sólo prohíbe las carnes de animales terrestres, no lo marino. Nunca entendí cuál era la lógica detrás de esta selección de animales prohibidos contra los que sí se pueden comer, pero sospecho que no hay un criterio científico o nutrimental detrás. Lo bueno es que a la mayoría de las personas les importa una gigantesca chingada lo del ayuno y sólo comen marisco porque está rico y como dije antes, es a fuerza. Al acercarme a la caja para pagar, noto que venden dos películas en CD, El manto sagrado con Richard Burton y La más grande historia jamás contada, con una alineación de actores como Charlton Heston, Max Von Sydow (interpretando al mismísimo ¡Nazareno!) y Sidney Poitier. El título de ese filme me parece ostentoso, exagerado, impreciso e injusto, porque hay historias más épicas (y reales) que merecen dicho título, entre ellas la conquista de México, el viaje a la Luna, las campañas militares de Alejandro Magno, el viaje del Beagle y el descubrimiento de la fuente del Nilo por Burton y Speke.

En estas fechas todo mundo anda piadoso y mesurado; pero en el fondo esperan dos cosas: que los niños salgan de la escuela y que lleguen las vacaciones. Todo lo demás, el marisco, la alucinación de la penitencia (que nadie entiende) y la reivindicación de la retorcida y manipulada pseudo historia del Nuevo Testamento quedan como reductos en un ímpetu automático cómodamente fusionado con la tradición y la costumbre que año con año se va sucediendo, sin cambio ni emoción alguna. Por mi parte, no pienso salir a ninguna parte: carreteras saturadas, retenes en todas partes, precios inflados y mucha, mucha gente. Mejor me quedo en mi casa y hago penitencia con una carne asada y una botella de vino y, de pasada, le prendo su veladora al santo Wojtyla para que me bendiga los alimentos.

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