Intriga

Hola. Le escribo desde el hospital y me es urgente hablar con usted: me estoy muriendo".

Así comienza la carta que el señor Olson me envía desde un supuesto hospital en algún país africano. Casi siempre las echo a la basura, pero ésta me cautivó desde el principio, así que decidí correr el riesgo y continué leyendo.

"Necesito saber su dirección para enviarle un importante documento. Este medio no es seguro y preferiría se enterara de los detalles directamente.

Hay personas que esperan mi muerte ansiosamente y espían mis movimientos y conversaciones, tales como llamadas telefónicas y redes sociales. Debo hacer algo de suma importancia antes de morir y antes de que estas personas den conmigo, porque hay algo que yo sé y que es de mucho interés para ellos.

Estudiando su perfil en el internet supe que era la persona indicada para este asunto; a su debido tiempo le haré saber de qué se trata todo esto. Por supuesto que lo voy a remunerar, y muy bien.

No le voy a mentir: existe un riesgo muy real, pues las personas que me siguen pronto sabrán de usted, pero ya pronto podrá enterarse de este lío en que estamos metidos los dos.

Mande su dirección cuanto antes para enviarle un sobre con información. Asegúrese de que tal dirección no sean ni su casa ni su negocio. Le aseguro que es algo que vale la pena y de lo cual nunca se arrepentirá haber sido parte. Pronto le llegará un paquete. Atte: Sr. Olson".

Seguido me llegan correos así; una señora católica que muere de cáncer y tiene millones de dólares en una cuenta y quiere que yo done una parte a la iglesia a cambio de un jugoso porcentaje, o un sargento del Ejército que combatió en Irak y más o menos lleva el mismo guión, pero la propuesta de Olson me dejó intrigado. Primero porque no hay religión ni donaciones altruistas u otro elemento común en este tipo de chantajes cibernéticos.

Segundo, está elaborando una intriga, un proceso que va en aumento, que progresa en términos de tensión y esto naturalmente genera un enorme interés en quien lo lee.

Por supuesto que no contesté el correo, pero sí me puse a soñar, a imaginar de qué podría tratarse todo este argüende.

Supongamos que mando mi dirección. Al tiempo llega un sobre color manila, lo abro en un sitio seguro. Aparecen fotos de militares y políticos, documentos oficiales de la armada rusa, cartas de un embajador al dueño de una mina, un pasaporte italiano con mi foto y un nombre falso y una llave de una caja de seguridad. Ah, y un dispositivo USB con una grabación en MP3 con la –presunta– voz del señor Olson girando instrucciones. Muy al estilo de cualquiera de estas películas de espionaje clásicas.

Quizá la trama sea que en algún país de África los rusos están construyendo armas atómicas, aprovechando minas de uranio y controlando la situación política de ese país, que amenaza con reventar en revolución.

Así debo viajar al sur de Italia y entrevistarme con un agente ruso que me va a explicar lo que debo hacer.

Pienso que llevamos vidas un poco aburridas. Queremos ser parte de algo, de cualquier cosa (por más disparatado que pueda sonar), siempre y cuando nos saque de este tedio cotidiano que amenaza con matarnos de aburrimiento.

Porque como dice Fernando Savater: "¿Cuál es el peor tormento que conoce el ser humano? Sin duda, el aburrimiento.

Es el único que de veras humilla, el que no se puede soportar de ningún modo racional o digno, porque frente a él no caben ni la rebelión ni el heroísmo".

Supongo que para estos días, Olson ya habrá muerto (quizá envenenado por sus persecutores) y yo me quedo sin mi aventura de espionaje en el culo de África. Seguiré trabajando en lo mío, pues, y a ver si en estos días me llega otra propuesta misteriosa por correo. Pero ahora sí lo voy a contestar, a ver qué pasa.

chefherrera@gmail.com