Colchón

No hay que escatimar en costos cuando de descansar se trata; tu estado de ánimo y tu desempeño dependen de ello. 

Levantarse por las mañanas era un problema serio. Había días en que no podía abrir los ojos de lo cansado que amanecía y otros me despertaba, pero mi cuerpo se negaba a obedecerme. Todo el día andaba desganado y somnoliento. La espalda; el dolor es intenso y cualquier esfuerzo que haga procura un dolor indescriptible. No sabe usted el sufrimiento de traer ese dolor todo el día, además del sopor constante. Años de mal dormir fueron moldeando mi personalidad, transformándome en un ser arisco, amargado y flemático.

Primero fui con un quiropráctico e inventó una historia extraña de por qué tenía ese dolor. Me sonó a un argumento que hubieran usado en el medioevo. Después de la zarandeada que me puso decidí ir con un médico: un dolor crónico y agudo en la parte baja y derecha de la espalda me tenía de un humor terrible. Le dije que sentía un fuerte dolor en los músculos del lado derecho. “¿Músculos?”, preguntó, “eso que tiene ahí es un gran trozo de carne seca”, dijo. Pensé que me iba a recetar un medicamento, pero después de palpar el área afectada y enterarse de que llevaba ocho años durmiendo en el mismo colchón barato, su diagnóstico fue duro y directo: “Cómprese uno nuevo, y en cuanto a la medicina que esperaba, pruebe con un analgésico común y vaya a que le den un masaje”. Sacó una lista de distribuidores y al día siguiente fui directo a comprar uno. Era el Buen Fin, por lo que conseguí un buen descuento. “Mire”, dijo la vendedora, “éste tiene tecnología antiácaros”. Pues no sé lo que son esos bichos y nunca los he sentido. Me baño todos los días y no ando rascándome la cabeza ni las axilas, por lo que los ácaros me tienen sin cuidado; lo que quiero es un colchón duro para dormir bien.

Al pagar me dijeron que se iba a tardar como una semana; “no hay pedo”, pensé; el solo hecho de visualizarme tumbado en un caro y duro colchón nuevo para ser absorbido en comatoso y placentero sueño que me llevara lejos de las habituales pesadillas me producía una deliciosa ansiedad.

Entonces llegó: un king size de proporciones bíblicas. ¡Hoy es el gran día! Pero al intentar subirlo por las escaleras hubo un problema: no cabe. El pendejo colchón es muy grande y duro y no puede doblarse, y no hay otra manera de meterlo a la alcoba. Los cargadores se lo llevaron, mi mujer y yo lloramos. Al día siguiente fui a la tienda a que me hicieran un cambio por dos colchones individuales. Pagué la diferencia y el pedido tardó otra semana en llegar. Pero finalmente los instalamos, mi mujer puso sábanas, cobijas y almohadas, y como niños brincamos sobre la cama. Días después comencé a sentir la diferencia; el dolor que tenía fue disminuyendo notablemente, apenas podía creerlo.

Pasamos gran parte de nuestras vidas echados en ese rectángulo de tela, resortes y espuma sintética y sólo es lógico invertir dinero en uno que valga la pena, y no andar sufriendo y desarrollando dolores satánicos y crónicos. No hay que escatimar en costos cuando de descansar se trata; tu estado de ánimo y desempeño cotidiano dependen de ello.

Hoy duermo como una momia y los dolores han cedido. Cosa curiosa: aunque me desvele, no me levanto tan jodido como antes y mi día es mucho más productivo: tengo más energía y mi humor es jovial, aunque aún conservo mi cinismo y humor negro. Mi vida sexual también ha mejorado, lo cual justifica cualquier precio pagado por el artefacto en cuestión.

Lo único que me preocupa ahora es volverme un haragán. Con semejante colchón se corre ese peligro.

chefherrera@gmail.com