Cocina saludable

Ese término me enferma. Lo veo en todos lados: en revistas, en programas de televisión, en posts del Facebook y en conversaciones.

Como fórmula mágica y panacea se vende y utiliza como si seguir un par de recetas fuera a resolver tantos problemas. En el área de alimentos se da la oportunidad de ensayar conatos de charlatanería ofreciendo productos que pueden ayudar a aliviar un sinfín de maladías o, más vago, a sentirse bien. También está el otro extremo, el de los productos chatarra que a todos gustan, que se consiguen en cualquier parte a precios bajos y que se anuncian a boca de jarro. Los hábitos en conjunto son los que determinan qué tan saludable vivimos. Me preocupa el aspecto cultural y el mediático; la mercadotecnia nos ha llevado a creer que el mercado está lleno de sustancias mágicas y automáticas capaces de curar desde el cáncer, pasando por la calvicie, el susto, la tendencia al soponcio, las reumas, vista cansada, malas vibras, la ansiedad causada por las miradas sospechosas, la agorafobia y el mal del pinto hasta la disfunción eréctil. Hay una cura para todo y con una pastilla, un licuado o una dieta seremos felices. La vida de todos los días se construye en parte dejándonos llevar por el ímpetu natural, el social y cultural; nos envuelve y reaccionamos de manera más o menos automática y predecible. Mire, conozco a esta pareja de hipsters pseudo vegetarianos que practican yoga, beben jugos desintoxicantes con exceso de azúcar, fuman cigarrillos light, se guían por su carta astrológica, lloran y rabian con la telenovela en curso, Deepak Chopra, Paulo Coelho y Osho son sus gurús, toman drogas para conectarse con el cosmos y consumen suplementos alimenticios y vitaminas, como si toda la exorbitante gama de alimentos disponible en los súpers no fuera suficiente para mantenernos con el estado de salud de un superhéroe. No mamen. Hay que dejar de hacernos pendejos y ver las cosas más prácticas de la vida, en serio.

"Cocina saludable". El término levanta sospechas; ¿qué es comer saludable?

¿Es parejo para todos los países, personas y culturas? ¿Quién define lo que es o debe ser saludable y en base a qué? No hay un modelo a seguir; nos engañan diciendo que la manteca de puerco es mala para luego retractarse y defender lo contrario. Nos dicen que la dieta mediterránea es la mejor, pero a un noruego o a un indio lo puede fastidiar. Al final tampoco debemos caer en la anarquía y declarar que uno debe comer lo que le guste y quiera, pero sospecho que la solución -si es que la hay- va más por ese rumbo que por la vía de la especulación mágica.

Basta con recordar cómo la famosa paleodieta cayó de ser una agenda científicamente correcta cuando se demostró que el cuerpo se adapta más o menos rápido a los cambios de dieta y que no todos nuestros ancestros se alimentaban de lo mismo. Hoy tenemos a una cantidad de payasos que promueven dietas donde dicen que usted debe comer tanto de verduras y no más de tal cantidad de carnes y quesos. No me diga.

El término de cocina saludable es un placebo, una simplificación engañosa y burda que sugiere todo y nada; es magnífico para vender libros, programas de televisión y para incluirlo como leyenda en toda suerte de productos, pero hasta ahí llega la fuerza de su propuesta porque no es capaz de establecer una conexión con un estilo de vida concomitante con lo que pregona: comer saludable no necesariamente nos lleva a estar sanos ni a alcanzar estos estados ideales de bienestar y felicidad. La comida por sí sola no es capaz de modificar de raíz las inconsistencias de nuestro estilo de vida. Por lo pronto, me importa una madre si no como saludable; en lo que se resuelve el asunto prefiero comer rico.

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