"Chef"

EL FILME está diseñado para captar la atención de estudiantes, "hipsters" y aficionados que nada saben de lo que realmente se trata y ocurre en esta profesión.

Tan pronto se estrenó, comenzó el torrente de comentarios: "wey, tienes que verla; ¡te va a encantar!". El filme Chef, escrito, dirigido y protagonizado por Jon Favreau es cosa de histeria entre la población de estudiantes de gastronomía, pero los profesionales tenemos otra opinión. Con un elenco estelar que incluye a John Leguizamo, Sofía Vergara (mamazota), Robert Downey Jr., Scarlett Johansson (mamacita), Dustin Hoffman y Oliver Platt, la película muestra a un jefe de cocina volátil y enérgico que ha perdido su trabajo a cargo de un importante restaurante en Los Ángeles por una diferencia con el dueño del restaurante, un capitalista insensible y ególatra. Divorciado, alienado de su hijo, sin dinero y con pocas probabilidades de recuperarse, sale adelante gracias a la mano mágica del destino y así sucede una serie de cosas que francamente no ocurren muy a menudo en el mundo fuera de las películas hollywoodenses. Me preguntaron qué pensaba sobre tal película. Como usted sabe, soy cocinero y tengo –he tenido– restaurantes. No voy a hablar mal del filme de Favreau porque se trata de una farsa light con final feliz y está diseñada de esa manera. Muchos se quejan de que no representa la realidad de la profesión; por supuesto que no. Y esa no es ni su intención ni su mercado. Los puntos claves que deja entrever este trabajo fílmico son: la alienación del chef de su familia, la dedicación obsesiva por su trabajo, el carácter compulsivo y pasión del mismo, la búsqueda de la perfección en cuanto a calidad de materiales, el emplataje estéticamente concordante con el concepto culinario, la camaradería en el medio, el conflicto eterno entre el cocinero como creador artístico y su némesis representado por el crítico-parásito gastronómico, la falta de concordancia entre la creación culinaria y el hecho de que tiene que ser económicamente redituable y la rudeza del ambiente en la cocina. Se deja entrever el abuso de sustancias, aunque de manera muy somera y casi imperceptible. Es una farsa donde se presentan de manera simplona a dos equipos, los malos: el empresario y el crítico de cocina, contra los buenos: la pasión del chef y sus amigos, la estructura social y familiar típica y el deseo de hacer las cosas "bien" y respetando la calidad del producto y la regionalidad. Con esa fórmula se desenvuelve el filme y termina de manera mágica y predecible cuando se entremezclan bueno y malo, y termina en regular. Es imposible. La realidad es otra.

El filme está diseñado para captar la atención de estudiantes, hipsters y aficionados que nada saben de lo que realmente se trata y ocurre en esta profesión. Aquí hay que chingarse. Uno arriesga todo y rara vez obtiene lo que apuesta. Si yo fuera a hacer una película sobre mi profesión comenzaría por el abuso de sustancias: alcohol, drogas, tabaco y café. Privación de sueño. Putiza extrema en cocina. Alienación del núcleo familiar. Desacuerdos graves con socios, problemas con proveedores, broncas con clientes y empleados, permisos y burocracia de todo género, deudas, frustración, estrés y alienamiento social. Bueno, como dije: el objetivo del filme es entretener, no informar ni educar. Supongo que cumple su misión. Como no soy crítico de cine no quiero terminar como algunos críticos gastronómicos que contaminan nuestra profesión y nos fastidian las pelotas constantemente, así que mejor lo dejo ahí.

El título Chef merece un largometraje de drama, no de comedia. En esta profesión rara vez hay finales felices y los que estamos aquí estamos medio desquiciados. Pero, como suele decirse de cada profesión, ¡es la mejor! De eso no hay duda.

chefherrera@gmail.com