Bendiciones

No le veo el caso de llevar a cabo procesos mágicos sólo por el placer de sentir que pueden ayudar.

El otro día pasé por una calle y noté que sobre el dintel de la puerta de una casa pendía una cerámica con una leyenda: “Dios bendiga este hogar”. Surgieron en mí algunas dudas:

¿Qué ocurre si Dios no ha bendecido esta casa? ¿Quedará al margen de cualquier evento catastrófico, espontáneo o premeditado? También me pregunto esto: si Dios no bendice esta vivienda, ¿la maldice, lanzando un poderoso maleficio que procure enfermedad y muerte? Debo saber otra cosa: ¿Cómo podemos saber si Dios ha bendecido esta casa? ¿Porque nada malo ha ocurrido? Digo, hay hogares en los que no se han presentado desgracias que lamentar y ciertamente no han invocado la benefactura del Todopoderoso, y no hay motivos para creer que lo han hecho, o que el mismo Dios ha bendecido estos hogares sin permiso de sus moradores o propietarios, o sea que la casa fue bendecida apriori, en secreto.

Uno confía demasiado en estos rituales mágicos primitivos; entiendo que si usted implora la bendición sacrosanta del Todopoderoso y nada malo ocurre, hay motivos para creer que la plegaria funciona. Pero si usted, luego de elaborar copiosa oración solicitando protecciones metafísicas al Omnisciente, le ocurren tragedias y horrores indecibles, habrá que suponer que Dios no ha respondido o que la bendición ha sufrido un retraso. También cabe suponer que quien ha elaborado la solicitud del beneficio déico está siendo castigado para purgar alguna falta o simplemente Dios no estaba de buenas ese día y decidió ignorar el pedido. Hay muchas posibilidades. Sencillamente no entiendo la manera en que es transmitida la bendición ni comprendo sus propiedades. Cierto día se acercó un sacerdote amigo de la familia y sugirió que quizá debería bendecir mi casa. Por supuesto que me negué. No porque crea o no crea que funciona (estoy seguro que no tiene absolutamente ningún efecto ni sobre la casa ni en los moradores), sino porque las cosas funcionan bien o mal dependiendo de una serie de factores –la mayor de las veces fenómenos sencillos y predecibles–, y cuando nos ocurren cosas simplemente por una cuestión estadística entonces no hay mucho que hacer. Quiero decir con esto que si usted deja abierta su casa, o vive en un barrio bravo o la colonia atraviesa por una crisis de seguridad, por más bendiciones, san franciscos en el porche y estampitas de vírgenes y cristos con veladoras prendidas no van a evitar que lo roben. Así de fácil. En otra ocasión abrí un restaurante. Por supuesto que fui presionado para que un cura le echara agua bendita y le diera el visto bueno al negocio. A mí estos rituales no me gustan, pero accedí por darle gusto a terceros. El caso es que después de unos meses tuve que cerrar el negocio. ¿Acaso no funcionó la magia divina? No, fueron cosas muy concretas las que ocasionaron el cierre, y todas tuvieron que ver con seres de carne y hueso.

No le veo el caso de llevar a cabo rituales y procesos mágicos sólo por el placer de sentir que pueden ayudar, que podrían tener un efecto real en nuestras vidas. Me parece que si cuestionamos estos fenómenos, si los sometemos a un experimento estadístico, veríamos la realidad. Y a la mayoría no le va a gustar el resultado, y a esas personas no les va a convenir tener que confrontar el hecho de que viven envueltos en una serie de mentiras y cuentos fantásticos sólo porque los hace sentir reconfortados. Pero debo insistir: ¿de qué sirve vivir inmersos en esas fantasías y patrañas del más allá? Pues de nada. Por lo pronto voy por mi bote de agua bendita para rociármelo encima, no me vaya a pasar algo por andar blasfemando.

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