Apariencia

¿No te gusta envejecer? Pues yo creo que a nadie, pero si ocurre, lo mejor es hacerlo con dignidad, y no terminar tus días pareciendo un payaso con la cara restirada.

El otro día fui a una cena medio a la fuerza, porque no me gusta ir a eventos de ese tipo, pero era una cosa diplomática y ni modo. Me tocó en una mesa con señoras de maduras a casi putrefactas. Había tanto esperpento sobremaquillado ahí que se requeriría de un veterinario con un tambor de doscientos litros de botox para inyectarlas con una jeringa para marinar pavos. Tenían tanto cosmético en la cara que por el peso tenían que inclinar el rostro y arquear la columna. A como lo vi, esta gente tenía dos opciones: un cóctel de formol o un viaje directo al Museo de las Momias de Guanajuato. Lo mejor fue la charla; desde la comidilla por la bolsa, el vestido y las joyas de tales o cuales marcas de las momias en otras mesas, hasta los relatos históricos de cosas que debieron haber hecho hace décadas y que nunca hicieron y que hoy lamentan. Aburridísimo. Encima, la comida estuvo pésima, pero a estos guajolotes todo les pareció “riquísimo y muy original”. Ni hablar.

En ese mismo evento me topé con un sujeto que hacía años no veía; es una persona que se preocupa más por su apariencia e imagen pública que por cosas que usted y yo consideraríamos trascendentes o sustanciales. Charlando con él confirmé lo que ya sospechaba: intenta ocultar su verdadera personalidad e invierte muchísimos recursos para crear una imagen que logre conciliar una facción oscura e incómoda de su personalidad. Así se transforma lenta y pacientemente en un energúmeno obsesionado con los mecanismos físicos e histriónicos para guardar una apariencia que salvaguarde el complejo patológico subyacente que moldea su personalidad. Se trata de un tipo irascible, manipulador, con tendencias violentas y crueles, y muy egocéntrico. La presión que ejerce su patología se va acumulando y cada tanto tiempo revienta y se expresa, en detrimento de terceros. A mí ese tipo me da miedo. Después, conversando con otro amigo me entero que un conocido tiene problemas con su matrimonio. El tipo está casado y con dos hijos y lleva años esforzándose en salir con otras mujeres con la intención de que la esposa lo pille y así forzar una separación. Suena ilógico pero es la verdad. No es una aventura con otras damas lo que busca, sino terminar su relación marital para satisfacer libremente sus ansias y deseos con otras personas, concretamente hombres. Y lo logró: finalmente la mujer se hartó de las aventuritas del marido y lo echó de la casa. Ahora vive con un negro panameño que es maestro de salsa y rumba y se le ve muy contento. Bueno, por lo menos aprendió a bailar salsa.

El común denominador de toda esta gente es la falta de honestidad consigo mismos; pienso que debemos ser objetivos, aceptar las cosas incómodas de nuestros cuerpos y nuestro comportamiento e intentar vivir feliz con eso. ¿No te gusta envejecer? Pues yo creo que a nadie, pero si ocurre, lo mejor es hacerlo con dignidad, y no terminar tus días pareciendo un payaso con la cara restirada. ¿Tu relación actual te resulta incómoda o estresante? O la resuelves o la das por terminada, pero por las buenas, no haciendo rodeos y teatros ridículos y humillantes. ¿Tienes a un Mr. Hyde dentro de ti y no sabes cómo manejarlo? Existen terapias psiquiátricas muy efectivas. Vivir ocultando cosas es muy costoso en energía y en salud mental; tu calidad de vida disminuye y entras en comportamientos cíclicos que después es muy difícil romper. No hay que perder el tiempo aquí: las apariencias sólo nos llevan a posponer lo que ya sabemos: que las cosas siempre terminan por manifestarse como lo que son, no como lo que queremos que sean.

chefherrera@gmail.com