Unicornios Mexicanos

1, 2, 3 por los emprendedores que están en primaria

El año pasado, cuando cursaba el primer año de primaria, mi hija se volvió aficionada a coleccionar gomas de borrar con formas de animalitos. Las gomas las venden en su escuela, en una cápsula que trae cinco gomas y cada cápsula vale 5 pesos.

Un día, a ella y a una amiguita suya, quienes juntas ya tenían una colección de gomas considerablemente grande, se les ocurrió venderlas. Mi hija, según ella misma cuenta, era la que gritaba: "¡Vendemos gomitas por un peso!". Obvio, la sociedad no ganaba nada, más que recuperar su inversión. El beneficio en cambio era para los compradores, quienes podían elegir la goma de su preferencia, pues cuando las compran en la cápsula éstas no muestran los animalitos que contienen. Así es que la venta tuvo éxito. Hasta que llegó la maestra a cargo.

La maestra las regañó, les prohibió la venta, dado que el reglamento escolar no permite el comercio entre alumnos en la escuela, y les pidió regresar el dinero que ya habían cobrado. Las gomas también volvieron a sus dueñas originales. Esta historia me provocó sentimientos opuestos.

Me sorprendió gratamente saber que mi hija había participado en un negocio, el primero del cual ella y yo tenemos memoria. Entiendo que no fue su idea, sino de su amiguita, pero me encantó que ella hubiera estado a cargo de las ventas, pues considero que atreverse a vender y aprender a hacerlo es una gran herramienta de vida. Además, mi hija es medio tímida y me gustó ver que se animó a hacer de 'merolico' para promover su oferta.

La prohibición de la escuela me molestó. Entiendo que el riesgo de permitir el comercio entre estudiantes es que la escuela se vuelva más un mercado que un lugar de conocimiento. Sin embargo, creo que la causa real es que no quieren competencia para los productos que ellos mismos venden ahí. Muy a la fuerza, entiendo esto, pero me preocupan dos cosas.

Creo que hay pocas oportunidades para que un infante explore actividades asociadas al emprendimiento, y qué mejor actividad que las ventas. Temo también que cuando un niño o niña se anima a emprender sea mal visto por los adultos cercanos a ellos y lo hagan ver como un abuso o una actividad fuera de lugar.

Muchas veces he escuchado la pregunta de por qué no hay en México un Zuckerberg o un Musk. O lo que tendría que pasar para que esto sucediera.

Esta semana conocí por las noticias a Mikaila Ulmer, una niña de EU con 11 años de edad que tiene una empresa que hace limonada casera, llamada Bee Sweet Lemonade, y jugosos contratos de distribución con Whole Foods y United Natural Foods. Hace unos meses 'pitchó' su negocio en Shark Tank y convenció al CEO de Fubu, Daymond John, de invertir 60 mil dólares en su negocio. La niña emprendedora es una rock star que le ha servido limonada al mismo presidente Barack Obama.

No preguntaré por qué en México no hay una Mikaila Ulmer. Eso sería dar por sentado que no las hay y estoy seguro que sí, y muchas. Pero me pregunto qué estamos haciendo los adultos, dentro y fuera de las escuela, para identificarlas, apoyarlas y promoverlas. Las Ulmer de hoy serán las Zuckerberg y las Musk de mañana.

*Fundador de VenturaMedia, firma que promueve la cultura emprendedora.

@adolfoconected
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