Unicornios Mexicanos

Que el dólar valga 30 pesos

Hace unos años, uno de los desarrolladores inmobiliarios más importantes del país me dijo que casi no leía los medios porque creía que solo daban malas noticias. "Los empresarios somos optimistas por naturaleza. Siempre creemos que las cosas van a salir bien".

Nunca había visto a los medios de esa forma. Comencé a analizar las noticias del medio donde trabajaba y de la competencia y casi todas eran negativas. Luego noté que eso era reflejo de lo que ocurría dentro de las redacciones. Los editores decían que una buena noticia no era noticia. En cambio, la emoción brotaba cuando alguien proponía una noticia con un ángulo negativo.

En la redacción donde trabajaba era claro el contraste entre el ánimo que veía en quienes hacían negocios y entre quienes escribíamos sobre los mismos, entre el entrevistado y el entrevistador. Entendí también por qué muchas veces me sentí incómodo en el trabajo: yo no era pesimista, pero me había obligado a actuar como tal. Entonces, poco a poco, fui cambiando de bando, no solo de perspectiva, sino también de actividad. Empecé a entender más el optimismo de quienes hacen los negocios y a cuestionar fuertemente el ánimo depresivo de quienes hacen las noticias.

Esta semana leí un post en The Motley Fool, la empresa estadounidense de servicios financieros, que responde algunos de mis cuestionamientos sobre el pesimismo.

Solo el pesimista suena profundo e inteligente, mientras que el optimista suena superficial. Esto no lo digo yo, sino Teresa Amabile, una investigadora de Harvard, quien llegó a esa conclusión luego de hacer un experimento titulado Brillante, pero cruel, el cual mostró que la gente que dio reseñas negativas de libros fue percibida por otras como menos agradables, pero más inteligentes, competentes y experimentadas que quienes escribieron reseñas positivas de los mismos libros.

Quizá los medios quieren ganarse la confianza de sus audiencias y de ahí que elijan reseñar negativamente la realidad y parecer inteligentes.

Otra explicación es de Daniel Kahneman, el psicólogo ganador del premio Nobel de Economía y estupendo escritor, quien afirma que la gente suele reaccionar mucho más a las pérdidas que a las ganancias. Desde una perspectiva biológica, "los organismos que enfrentan las amenazas con más urgencia que las oportunidades tienen más probabilidades de sobrevivir y reproducirse".

Quizá los medios están salvando a la especie humana señalando cualquier cosa que parezca una amenaza, por más pequeña que sea.

El autor del post también señala que el optimismo suele parecerse a la plática de un vendedor (y en esta época, ¿quién le cree a un vendedor?), mientras que el pesimista suele verse como alguien que te trata de ayudar.

Quizá los medios tratan de ayudar a sus audiencias.

Abordo este tema ahora que las noticias sobre el futuro económico de México y del mundo no podrían ser peores. No me importa el riesgo de parecer un idiota, lamentar pérdidas en el futuro o parecer un vendedor. Yo prefiero ser optimista. Y si mañana el dólar sube a 30 pesos o el barril de petróleo no vale nada, seguro habrá buenas oportunidades para el que sepa verlas.

*Fundador de VenturaMedia, firma que promueve la cultura emprendedora.
@adolfoconected
adolfo@venturamedia.mx