Crece debate sobre las victorias del populismo

Dos narrativas compiten para explicar si se debe a la frustración financiera o al nativismo, el racismo y la xenofobia.
Los seguidores del hoy presidente electo de Estados Unidos.
Los seguidores del hoy presidente electo de Estados Unidos. (Brennan Linslay/AP)

El debate sobre la fuente de apoyo para el populismo sigue en aumento. Ya sea por la victoria de Donald Trump, el voto por el brexit o por el apoyo a las fuerzas antiglobalistas en todas partes de Europa, hay dos narrativas que compiten para explicar si este fenómeno político se debe a las frustraciones económicas (la perspectiva de que “los abandonaron”) o el nativismo blanco (especialmente en la clase trabajadora), el racismo y la xenofobia.

En un potente ensayo en el Globe and Mail de Toronto, Doug Saunders escribe: “Tenemos un problema de extremismo blanco”. Destaca los datos de las encuestas de salida sobre cómo Trump ganó en todos los grupos de edad entre los estadunidenses blancos (sobre todo entre los de más edad) y perdió (“fuertemente”) entre todos los demás subgrupos de edad y étnicos. Y concluye que “una psicología de un orgullo étnico herido —y a menudo la virilidad herida— se apoderó de una gran parte de la comunidad blanca, y no generalmente en la parte que en realidad siente pesar económico”. Señala a un académico que dijo: “Si siempre has sido privilegiado, la igualdad comienza a parecerse a la opresión... sobre todo cuando el sistema se define como un juego de suma cero”.

Saunders comete el error generalizado de desestimar las motivaciones económicas un poco rápido. Señala, como muchos otros, que la mayoría de los más pobres de Estados Unidos votaron por Hillary Clinton, no por Trump, pero no contempla el hecho de que, por mucho, los mayores cambios que se dieron de la candidata demócrata al candidato republicano ocurrieron en este grupo.

No se puede negar la “psicología del orgullo étnico lastimado”, la pregunta es cuánto de esto en sí mismo fue producto de los cambios económicos en las últimas décadas (Saunders sugiere que la “parte de la comunidad blanca susceptible al extremismo existe por lo menos desde hace una década y media: simplemente esperaban a que alguien como Trump pudiera canalizar sus ansiedades hacia los chivos expiatorios étnicos y extranjeros”).

Ese debate se intensificó tanto en el brexit como con la elección de Trump. Brad DeLong no acepta la lectura de Polanyian de Ann Pettifor de por qué una mayoría votó para que Reino Unido saliera de la Unión Europea. Pettifor escribe: “El brexit representó los esfuerzos colectivos que, desde mi punto de vista, a menudo estaban equivocados, de los que se “quedaron atrás” en Gran Bretaña para protegerse de la naturaleza depredadora del fundamentalismo del mercado”. DeLong protesta que “el orden neoliberal está muy bien para Alemania y sin embargo Merkel se encuentra en grandes problemas con sus trumpistas nacionales... la “ansiedad económica” no fue el motor del voto por el brexit. Los nativistas lo hicieron”.

Es difícil entender el uso que hace DeLong de Alemania como contraejemplo. Ignora el estancamiento (y más) que aflige a gran parte de la población alemana en las últimas dos décadas, y su similitud con los acontecimientos en Estados Unidos. Además, la evidencia paneuropea muestra una relación similar a la de EU entre la exposición de la región al “golpe de China” y el posterior apoyo para el nativismo y el proteccionismo.

No deberíamos crear una dicotomía artificial. La raíz económica puede imponer sus efectos a través de las motivaciones psicológicas nativistas. Este punto quedó muy bien en la respuesta a Delong que dio el colega de Pettifor, Jeremy Smith, quien reúne la evidencia de las urnas sobre los temores económicos del grupo de permanecer contra los que eligieron salir para mostrar la relevancia de las preocupaciones económicas. Y podemos señalar que en un estudio de Ipsos se muestra que el “nativismo” es por mucho el factor de explicación más sólido para el apoyo de Trump en las primarias republicanas, las cuales midieron las inclinaciones nativistas en un sentido claramente económico. La mayoría de las preguntas de las encuestas que se diseñaron para medir el nativismo se plantearon sobre la inmigración en el contexto de un supuesto estrés económico para los nativos.

Entonces, la economía y la cultura no son más alternativas que explicaciones complementarias. Pero lo importante es lograr una causalidad correcta. Saunders cree que “las soluciones económicas en las crisis reales de la clase blanca trabajadora postindustrial... no van a resolver la crisis de la radicalización, que se arraigó de una manera mucho más profunda en la percepción y en el contexto que en la realidad”. Pero se basan en un análisis que niega la forma en que las realidades económicas interactúan con las actitudes nativistas.

Como argumentó Benjamin Friedman, se debe esperar que la ausencia de un crecimiento de base amplia genere el nativismo, así que, ¿es demasiado esperar que se pueda drenar una fuente de nativismo si el crecimiento general regresa? Al mismo tiempo, Saunders está en lo correcto al señalar que muchas políticas pueden llevar a actitudes más tolerantes y a ingresos más altos, en especial las medidas para aumentar tanto la educación como la urbanización. No hay excusa para no buscar éstas.