Las ventas minoristas, un nuevo golpe a la economía brasileña

La inflación sigue obstinadamente alta, con una expectativa de 9.5 por ciento anual.
Autopartes en São Bernardo do Campo.
Autopartes en São Bernardo do Campo. (Paulo Whitaker/Reuters)

Un día más, otro dato desastroso para Brasil. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística dio a conocer el martes que las ventas minoristas de mayo con respecto a abril cayeron 0.9 por ciento con un ajuste estacional y (sin ajustar) 4.5 por ciento año con año.

Las cifras fueron mucho peores de las esperadas. Un estudio de Bloomberg proyectó una contracción de 0.3 por ciento mes a mes en las cifras agregadas. Una vista a detalle muestra el grado en el que cayó el modelo de crecimiento brasileño que se impulsó por el crédito al consumidor.

La contracción menos dramática, pero una de las más preocupantes, se dio en las ventas en los supermercados. Éstas descendieron 2.1 por ciento año con año y por una caída más aguda (con ajuste estacional) de 0.8 por ciento mes a mes. Si los brasileños gastan menos en los productos básicos de los hogares, deben sentir la contracción.

En artículos más caros hay caídas más espectaculares. Las ventas de muebles y aparatos eléctricos para el hogar cayeron 18.5 por ciento año con año, el mayor descenso desde que empezó el ciclo en 2001.

Las ventas de vehículos y refacciones automotrices cayeron todavía más, más de 22 por ciento año con año.

Estos dos subsectores fueron emblemáticos para el surgimiento de la nueva "clase media" de Brasil en los años previos y posteriores a la crisis financiera mundial de 2007-2008. Primero con la ayuda del auge de las materias primas y después por la borrachera de crédito con respaldo del gobierno, millones de personas entraron por primera vez al mercado de consumo y el dinero lo derrocharon en refrigeradores, estufas, televisores y coches, a menudo a crédito con las exorbitantes tasas de interés de Brasil.

Ahora ya dejaron de hacer eso y dan marcha atrás a un ritmo frenético.

El índice general de ventas minoristas —que captura estos artículos, así como los materiales de construcción, otro beneficiario de los años de auge— refleja la magnitud en la que los brasileños redujeron sus gastos. En mayo bajó 10.4 por ciento anual.

Como es de esperar, el desempleo aumenta mientras las ventas caen, y la creación de plazas va en reversa a un ritmo alarmante. La inflación permanece obstinadamente alta. La última encuesta del banco central a los economistas del mercado prevé que 2015 terminará por encima de 9 por ciento, más del doble del objetivo del gobierno, de 4.5 por ciento.

Esto se encuentra más allá del horrible y doloroso fenómeno de la estanflación: Si la economía de Brasil permanece estancada, en lugar de tener la contracción prevista de 1.5 por ciento o más este año, la situación puede ser menos grave. Las ventas minoristas del martes hará que sea más difícil para el banco central elevar nuevamente las tasas de interés en su próxima reunión de política monetaria del 29 de julio. La inflación la empujará hacia el otro lado.

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