Silicon Valley "renueva" la distribución del dinero

Plantean empresarios que si la robótica o la inteligencia artificial desplazarán empleos, serán necesaria una nueva red de seguridad.
La ciudad alberga a las mayores compañías tecnológicas.
La ciudad alberga a las mayores compañías tecnológicas. (Shutterstock)

¿Una solución tecnocrática demasiado simplista a un problema que probablemente nunca surja? ¿O un ejemplo de que la industria de tecnología actúa para evitar los efectos adversos que sus innovaciones pueden tener en la sociedad?

Silicon Valley tomó en serio el concepto del ingreso básico universal (UBI, por su sigla en inglés).

Si bien la idea de utilizar los ingresos fiscales para entregar un subsidio en efectivo garantizado a cada adulto —independientemente de la riqueza o de sus ingresos— no es algo nuevo, los empresarios e inversionistas de tecnología se han convertido en sus partidarios más fervientes. Después de todo, si las tecnologías como la robótica y la inteligencia artificial harán que muchos tipos de trabajos se vuelvan obsoletos, entonces se necesitará una nueva red de seguridad universal.

Pero incluso los defensores más firmes, como Sam Altman, jefe de la incubadora de startups Y Combinator y patrocinador de un programa piloto de UBI, admite que algunos se van a sorprender al ver a ricos inversionistas de startups financiando experimentos en ingeniería social. “Entiendo totalmente las críticas”, dijo, cuando se le cuestionó sobre el tema en un evento en San Francisco en abril. Pero agregó: “Creo que es extraño no pensar sobre estos temas”.

De alguna manera, no sorprende que la industria de tecnología adopte el UBI. El concepto tiene muchas cosas en común con otras grandes ideas que se arraigaron en Silicon Valley. Es una respuesta imaginativa para un problema percibido, lo que lo convierte en algo para un grupo de personas que a menudo habla sobre cómo van “a cambiar al mundo”: no hay medias tintas.

También cumple con la necesidad de Silicon Valley de desafiar el conocimiento recibido y transformar algunos supuestos antiguos en su cabeza. Evoca un futuro ideal —una sociedad cuyos males se resolverán con respuestas rápidas y audaces— que apela a una mentalidad de ingeniería, pero que es susceptible de que algunos lleguen a considerarlo simplista.

El UBI es una idea que muchos líderes de tecnología encontraron por primera vez en la ciencia ficción, dice Kathryn Myronuk, ex directora de investigación de Singularity University, un grupo de expertos de Silicon Valley que tiene el objetivo de inspirar a los ejecutivos de las empresas a enfrentar los desafíos de la humanidad. “El UBI está entre nosotros desde hace décadas en la ciencia ficción, la ciencia ficción es una de las fuerzas motrices de Silicon Valley”. Incluso Star Trek, dice, que inspiró a los emprendedores como Altman, tiene algo como el UBI.

Si algunos líderes de la industria están preacondicionados a ver el UBI como una solución, tal vez también tengan una mejor posición que la mayoría para ver la inminente necesidad para eso.

Los empresarios de tecnología suelen ser demasiado optimistas cuando evalúan la rapidez con la que se van a adoptar las nuevas tecnologías, dice Myronuk. Pero también creen que es inevitable la enorme adopción de la inteligencia artificial y una mayor automatización. Anticiparse a los efectos en este momento puede evitar una reacción negativa más adelante.

Lawrence Quill, profesor de ciencias políticas de la Universidad Estatal de San José, ofrece una explicación menos egoísta. Ubica el interés en el UBI por una serie de emociones al tener una mayor conciencia social en una industria que alguna vez encontró que era más fácil distanciarse de los efectos de su tecnología.

En el actual auge de tecnología, agrega, el centro de gravedad en la innovación cambió de Silicon Valley, una colección de suburbios en el sur de San Francisco, a la ciudad misma, donde abundan las personas sin hogar.

Los ingenieros pueden sentir el compromiso de abordar los problemas sociales en su propia puerta. “Es una postura con menos motivación ideológica, que en vez de eso toma en consideración los asuntos sociales y políticos al igual que los tecnológicos. Es la clásica postura tecnocrática, pero desde una perspectiva corporativa”, dice Quill.

Incluso si no existe una fuerte ideología detrás del interés generalizado en el UBI —y el libertarianismo de Silicon Valley a menudo se exagera— la cultura política local tiene algo que ver con eso.

La idea se ajusta bien con una visión del mundo que reverencia el empoderamiento individual. De acuerdo con esta actitud, “un ingreso básico transforma a los trabajadores pobres en emprendedores en proceso de surgir”, dice Quill.

Los emprendedores que apoyan la idea también se esfuerzan por señalar que no hará nada para limitar la enorme riqueza que se acumula en el mundo de la tecnología donde el ganador se lleva todo.

Altman, por ejemplo, señala que el UBI se diseña para crear un piso, no un techo. “La versión de tecnología del ingreso básico probablemente aumente la desigualdad”, dice Quill. Silicon Valley tiene otra característica que contribuye al debate sobre el UBI: los métodos analíticos, la colección de datos y la rápida repetición de ideas necesarias para introducir un sistema como ese son las características del enfoque local a la innovación.

Y al parecer el proyecto social más visible de Silicon Valley ya está en pruebas utilizando solo esos parámetros.