Adiós Fidel Castro, hola incertidumbre

La muerte del exmandatario causa nerviosismo en la isla y el extranjero por el futuro del comercio y su relación con EU.
Un vehículo militar transporta las cenizas del fallecido expresidente, Fidel Castro, en La Habana.
Un vehículo militar transporta las cenizas del fallecido expresidente, Fidel Castro, en La Habana. (Flickr)

En Miami, hubo una jubilosa celebración por la muerte de Fidel Castro; en La Habana, sorpresa e incredulidad; y en torno a Washington, la incertidumbre sobre cómo el presidente electo de EU, Donald Trump, podría reconfigurar la política de acercamiento a Cuba del presidente Barack Obama.

En el club nocturno La Tropical, en la Habana, una banda de salsa repentinamente dejó de tocar la noche del viernes cuando se hizo pública la noticia de la muerte de Castro. Un presentador subió al escenario y simplemente dijo: “Fuerza mayor. Tenemos que suspender las actividades. Fidel Castro ha muerto”. 

“No hubo una respuesta audible. Solo silencio. Ningún cubano en la audiencia menor que yo conoció otra realidad”, dijo Ned Sublette, el crítico de jazz estadounidense y autor de la historia de la música cubana.

Al contrario, en Miami, hogar de la mayoría de 2 millones de miembros de la comunidad de exiliados cubano-estadounidenses, había un ruidoso júbilo. Margarita Fernández, estudiante universitaria, estaba en su casa cuando escuchó la noticia. Se apresuró a bajar las escaleras hacia la Calle 9, el corazón de la comunidad cubana de Miami. “Había abrazos, celebración, pitidos de claxon”, dijo.

La muerte de Castro no llega como una sorpresa. A los 90 años, pocas veces se le veía en público, y cuando lo hacía, era por un periodo breve y se veía débil y enfermizo. Raúl, su hermano menor, de 85 años, asumió las riendas del poder formalmente en 2008 como presidente, y su gobierno ya planeaba este momento desde hace tiempo.

“Cuba se convirtió en un país de gente silenciosa el sábado”, tuiteó Yoani Sánchez, editora del sitio de noticias independiente, 14yMedio.com. “Es como si todo el mundo estuviera triste”, agregó Anaida González, enfermera retirada de Camagüey, en el centro del país. La muerte de Castro “se esperaba, pero aún así fue una sorpresa”.

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Y si bien los planes de homenaje se llevaron a cabo, hay incertidumbre. Cuba y sus 11 millones de habitantes se encuentran en una encrucijada. La muerte de Castro llega cuando Venezuela, que enfrenta su propia crisis económica, redujo su ayuda a Cuba. También llega cuando la política de acercamiento encabezada por Barack Obama -que relajó, pero que no terminó con el embargo de largo tiempo que impuso EU sobre la isla- podría sufrir un revés por parte de Donald Trump. 

El presidente electo se ha mostrado indeciso sobre la política de distensión de Obama: durante su campaña dijo que la apoyaba pero que buscaría “un mejor acuerdo”, y después se comprometió a “revertir” el acercamiento de Obama.

“El momento de la muerte de Castro no podría ser peor. Se produce cuando surge una sombra de incertidumbre sobre el futuro de las relaciones de EU con la isla”, comentó Peter Kornbluh, autor de Back Channel to Cuba, la historia de las negociaciones entre Washington y la Habana. “Lo que Trump dice será la primera gran prueba para la diplomacia presidencial y puede determinar el tono de las relaciones para el futuro cercano”.

El sábado, Trump escribió en Twitter: “¡Fidel Castro está muerto!”. En una declaración de su equipo de transición presidencial, agregó más tarde: “Si bien Cuba se mantiene como una isla totalitaria, tengo la esperanza de que hoy marque un alejamiento de los horrores que soportaron durante tanto tiempo, y hacia un futuro en el que el maravilloso pueblo cubano finalmente viva en la libertad que tanto merece”.

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La muerte de Castro también arroja una luz sobre el futuro de las importantes, pero aún limitadas reformas económicas que inició Raúl Castro, con que se busca equilibrar los conflictivos objetivos de liberalizar la debilitada economía estilo soviético de Cuba mientras se mantiene el control estatal.

“Uno se debe preguntar si algún sucesor tendrá la legitimidad necesaria para tomar las decisiones difíciles para sacar a Cuba de su estancamiento. Ese tipo de decisiones vendrán con una gran cantidad de dolor de transición”; dijo Carlos Saladrigas, un dirigente moderado del exilio cubano que apoya el compromiso. “Por el otro lado, esto bien puede ser una oportunidad para que el presidente Raúl Castro comience a tomar esas decisiones difíciles mientras aún está en el poder. La economía de Cuba está en ruinas”.

Como Bert Hoffman, un observador de largo tiempo de Cuba del instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales, señaló de forma concisa: “Cuba va a entrar al modo de abróchense los cinturones”.