Los líderes más confiables y éticos

Un estudio del WEF dice que los ciudadanos en mercados emergentes confían más en los líderes autocráticos que en los democráticos, lo que sugiere que reconocen más los estándares de los políticos.
Para Thierry Geiger, jefe de análisis e investigación cuantitativa del WEF, parece contradictorio que representantes de países libres estén peor calificados que los de naciones no libres.
Para Thierry Geiger, jefe de análisis e investigación cuantitativa del WEF, parece contradictorio que representantes de países libres estén peor calificados que los de naciones no libres. (Cortesía)

Hoy en día se considera a los líderes autoritarios mucho más confiables que los políticos en países con más apertura democrática en todo el mundo emergente, de acuerdo con datos del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés).

Los líderes de Singapur, de los estados del Golfo y de Ruanda son los que tienen los estándares éticos más altos en los mercados emergentes, y de cerca les siguen sus contrapartes de China y de Asia central.

Por el contrario, se considera a los políticos de democracias como Brasil, Paraguay, Nigeria, México y Rumania, como los que tienen estándares éticos más bajos.

“Parece contradictorio”, dice Thierry Geiger, jefe de análisis e investigación cuantitativa del WEF. Uno de los mayores perdedores en la calificación de “confianza en los políticos” del WEF es Túnez, que se considera la única historia de éxito de la revuelta árabe de 2011. Se clasificó a sus políticos en el lugar 15 de los más confiables en el mundo en 2010, antes de que derrocaran al presidente Zein al-Abidine Ben Ali. Bajo el gobierno democrático, el país cayó al lugar 63.

Entre los países que tuvieron una fuerte caída en su calificación se encuentran las democracias de Sudáfrica, Barbados, Corea del Sur, Islandia, Chipre y España.

En general, entre los 20 países de mercados emergentes que se ubicaron con políticos más confiables en 2016, Freedom House clasifica a 13 como “no libres”, a tres como parcialmente libres y solamente cuatro como libres.

Entre los 20 cuyos políticos se consideran con los estándares éticos más bajos, la Freedom House no considera a ninguno como no libre, a seis como libres y 14 parcialmente libres.

El WEF “no esperaba una alta correlación entre las mediciones de democracia o libertad y los estándares éticos”. Geiger dice que la gente se centró más en si “los políticos cuidan lo mío y hacen lo correcto por mí, que si gobiernan en el interés de la gente”.

Los países de mercados emergentes más ricos como Singapur y los Emiratos Árabes Unidos -los dos con la calificación más alta en confianza política a nivel mundial, por encima de Noruega y Nueva Zelanda- también fueron propensos a tener políticos menos corruptos que sus contrapartes más pobres. “Singapur no es una democracia pero los funcionarios se encuentran entre los mejor pagados del mundo. ¿Por qué aceptarías sobornos si ya te pagan muy bien?”.

Charles Robertson, jefe economista de Renaissance Capital, dijo que en las democracias pobres puede existir el incentivo de “tomar el dinero mientras estás en el poder durante un periodo muy corto”. En las autocracias estás en el poder para siempre y tal vez hay suficiente dinero para repartir”.

Sin embargo, incluso al tomar en cuenta el ingreso per cápita de los países, hay muchas sorpresas en la clasificación del WEF. Los políticos de Ruanda, que el año pasado tuvo un producto interno bruto per cápita de 732 dólares, de acuerdo con el FMI, se considera que ocupan el séptimo lugar entre los “más limpios” del mundo, mientras que Bhután, con un PIB per cápita de 2,843 dólares, ocupa el lugar 25, por encima de Japón, Francia y EU.

Las disparidades de riqueza tampoco logran explicar los hallazgos para América Latina, que representa a 10 de los 12 países con las calificaciones más bajas del mundo y tiene un promedio de todo el continente de confianza en los políticos de 2.08 de un máximo de 7, cómodamente detrás del promedio de 2.89 de los países de África subsahariana mucho más pobres.

“El problema con América Latina en este momento es la percepción, y en algunos casos la existencia, de corrupción. No sorprende que hay una pérdida de la fe en los políticos y la democracia”, dijo Neil Shearing, jefe economista de mercados emergentes de la consultora Capital Economics.

Brasil, en especial, se sacudió por el escándalo de Petrobras y por la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff, pero incluso antes de que esto ocurriera su calificación más alta desde que comenzó el estudio fue el nada impresionante lugar 97 en 2011.

Sin embargo, Shearing advirtió sobre la posibilidad de que en las clasificaciones se incluya un sesgo, sobre todo cuando se trata de un gran reconocimiento en los estados autoritarios.

“Si no tienes una cultura que es particularmente libre o no existe la cultura para desafiar, probablemente no debería de extrañar que las personas tienen problemas para cuestionar a los gobiernos y a las autoridades”, dijo.