El encanto de madame Macron

Brigitte Trogneux, esposa del nuevo líder francés, trae un poco de Essex al Palacio del Elíseo, que seduce a cualquiera.
"Lo mejor de Briggite Trogneux es la comprensión de sus limitaciones. Es una mujer de sesenta y tantos muy atractiva, pero consciente de que no se vuelve más joven”.
"Lo mejor de Briggite Trogneux es la comprensión de sus limitaciones. Es una mujer consciente de que no se vuelve más joven”. (Reuters)

¡Maravilloso! El candidato centrista Emmanuel Macron triunfó en las elecciones francesas, frenó la marea del populismo de extrema derecha que sacudió a nuestras élites globales y llevó la marca de “esperanza” de su nuevo partido En Marche! a un diálogo público que se volvió rancio con la acrimonía, los insultos y el insoportable egoísmo.

Pero, independientemente de eso, el triunfo de Macron debe celebrarse, sobre todo, por las nuevas oportunidades que nos permitirán babear por su esposa, Brigitte Trogneux, la abuela de siete nietos y de 64 años de edad que cautivó a su esposo cuando él era un estudiante de 15 años en sus clases de literatura en la escuela jesuita en Amiens, y que ahora entra al Palacio del Elíseo como la segunda primera dama de Francia más grande de edad. ¡Ooh la la! 

Es casi imposible determinar qué chisme es más emocionante sobre la vida y la época de madame Macron. ¿Que su hija era compañera de clases de su futuro esposo? ¿Que la pareja se enamoró mientras trabajaban juntos en una obra de teatro escolar? ¿Que sus padres quedaron tan devastados al descubrir su romance que el joven Emmanuel tuvo que salir de París (como un desafortunado Romeo), pero que regresaba cada fin de semana para buscar a su enamorada? ¿Que ella proviene de una familia de chocolateros? (¿Qué otra cosa puede ser más francesa?).

Entonces, está la deliciosa coincidencia de que Trogneux se convirtió en la primera dama el mismo año en que la película El Graduado, y la encantadora señora Robinson de voz ronca, celebró su 50 aniversario. Todo es demasiado perfecto.

De hecho, es la línea de Trogneux de tener un sentido del humor que le permite burlarse de ella misma y un estilo glamoroso lo que demostró ser más atractivo. Con ella no va el uniforme aburrido y elegante de la esposa de un político, todo tonos carbón y dobladillos terriblemente apropiados.

Trogneux vuela frente a las convenciones con su extremidades permanente bronceadas color castaña, el peinado desaliñado con un rubio peróxido y vistosos bolsos de diseñador. Su apariencia se describe como Chic Bobo -que encarna el allure rock, de acuerdo con L’Express-, su ballsy, vestidos que dejan piel descubierta, cautivaron a la prensa francesa que, aunque cautelosamente indiferente acerca de la diferencia de edad de la pareja, que es de 25 años, mostró un apetito insaciable por imágenes de ella caminado a las orillas en atrevidos trajes de baño y saliendo a hacer proselitismo con su esposo en jeans ajustados y tenis. 

En esencia, su estilo podría describirse un poco como cagole, la palabra de Marsella que se utiliza para indicar a las pescaderas del sur que utilizan su feminidad provocativa al igual que sus opiniones francas. Pero el término parece un poco vulgar para Trogneux, quien, después de todo, es de una ciudad de provincia del norte de Francia y ligeramente más recatada en espíritu.

En mi opinión, su estilo tiene una deuda mayor con la otra gran hermandad del lado opuesto del canal. La chica de Essex. Algo sobre ella es muy de rubia de Billericay, su gusto por los tacones altos (algunas veces con partes transparentes como de plástico) y esas chamarras de esquí de colores brillantes que la convierten en un ajuste natural con la mayoría de los estereotipos británicos de las mujeres.

La forma cómo utiliza una chamarra de mezclilla hecha a la medida. Y odia las medias. Y no puede resistirse a un vestido de encaje blanco (por supuesto, de Louis Vuitton). Con ella no va la sobriedad de una esposa de un político: le gusta condimentar las cosas. Usa sus sacos grises con ojos kohl, tops ajustados y pantalones de cuero color regaliz. Parece lista para una noche en Whispering Angel y el cotilleo con las chicas en Chigwell. Pero a los hombres les encanta también porque, es cierto, ella es bastante atractiva.

¡Qué refrescante! ¡Qué atrevido! Qué diferente a cualquier otra persona que deambula en el escenario mundial su carisma evasivo. Trogneux, a quien alguna vez su esposo describió como “mi equilibrio”, ha sido una participante clave en el viaje de Macron a la presidencia, le dio a los paparazzis fotografías oportunas y utilizó su encanto persuasivo para suavizar su ascenso social. Ella también es, al parecer, quien lo entrenó para hablar en ese chillido tan distintivo.

Algo más importante. Ella siempre se ve encantada de estar con él. A la pobre Melania Trump, quien también comparte la misma diferencia de edad con su esposo, parece que la arrean para que se anime, en comparación. Al igual que la esposa de Justin Trudeau, Torgenaux domina el arte de ver a su esposo con algo que sugiere un afecto genuino, aunque ella tal vez no lo muestra con tanta veneración, como su contraparte canadiense. Y no debemos olvidar: tal vez ella alguna vez castigó a su cónyuge en la escuela.

Y sin embargo, lo mejor de Briggite Trogneux no solo es su atreactivo elegante, sino la astuta comprensión que tiene de sus limitaciones. Sí. Ella es una mujer de sesenta y tantos años muy atractiva con una sonrisa arrolladora, pero también está muy consciente de que no se vuelve más joven. Cuando le preguntaron sobre el momento de la apuesta de su esposo de competir por la presidencia en septiembre pasado, ella ofreció una verdad reveladora y entrañable: “Tiene que hacerlo en 2017”, le dijo al escritor Nicolas Prissette, “porque para 2022, su problema será mi cara”.

Qué leyenda. Oh, madame Macron, usted me seduce por completo.