Libretas de papel, un lujo de los "millennials"

A pesar de la "masacre digital", los útiles de antaño contraatacan, en especial los de gama alta.
En la era del conocimiento digital no se desechan las herramientas físicas.
En la era del conocimiento digital no se desechan las herramientas físicas. (Shutterstock)

En la tienda del Museo del Diseño de Londres, mis ojos se centran en un compañero perfecto, un diario de papel que diseñó Els & Nel con cubierta blanco y negro y una agenda anual extraíble, justo lo que buscaba. Lo compré inmediatamente. Algunos pensarán que es una compra poco común para una millennial con iPhone y iPad que se mueve entre WhatsApp e Instagram, y que trabaja como periodista digital. Pero no. Soy usuaria de los diarios y libretas de papel para uso personal y laboral, y no soy la única.

A medida que entramos al nuevo año, con el espacio del calendario para llenar, muchos se muestran renuentes a renunciar a sus compañeros de papel. Los diarios y libretas físicas, en especial las de gama alta, tienen más que un contraataque ante la masacre digital de Google Docs y los calendarios en línea. Los principales proveedores de lujo informan una fuerte demanda entre los millenials y los consumidores de todas las edades.

En 2017 aún vamos a querer usar papel y pluma. ¿Por qué debe ocurrir esto? Maria Sebregondi, cofundadora de Moleskine, la firma de libretas de lujo con su sede en Milán, dice que en el mundo digital los jóvenes profesionales aún valoran el papel. “Siempre vemos un aumento en las ventas anuales, a pesar de otras oportunidades digitales”, dice. Los ingresos de Moleskin fueron de 128 millones de euros en 2015, en comparación con 53 mde hace un lustro.

Los productos de papel representaron casi 90 por ciento de esas ventas. A septiembre de 2016 las ventas tuvieron un patrón de crecimiento similar, con ingresos netos de 95 millones 890 mil euros.

Los clientes millenials tienen educación, son conocedores de la tecnología “y son los más dispuestos a redescubrir el papel”, dice Sebregondi.

Smythson, una papelería británica de lujo, afirma tener una experiencia similar, aunque no ofrece cifras. Sus productos no son baratos, y muchos de sus diarios y libretas cuestan más de 200 libras, pero dice que lo artesanal y el origen de la firma que se estableció en 1887 tienen un amplio atractivo. Su artículo de mayor venta es un diario de piel de cordero Soho de 155 libras.

Neal Whittington, dueño de Present and Correct, una papelería boutique de Islington, dice que las ventas de diarios aumentan entre 18 y 20 por ciento al año desde 2009. La tienda abrió en 2012 después de que comenzó a operar en línea.  Whittington señala que ser digital no significa rechazar los objetos físicos. “En la era del conocimiento digital, la gente tiene más conciencia estética”, dice.

Las ventas tal vez son altas en los diarios de lujo, pero la papelería más funcional parece tener menos éxito.

La cadena de artículos de oficina Staples de EU, por ejemplo, vendió su división minorista de Reino Unido al especialista en reestructuración Hilco Capital por una cuota mínima. ¿El atractivo de los productos de papel de lujo puede perdurar? “El conocimiento de la papelería en este país es más grande que nunca”, dice Whittington.

¿Cómo usamos nuestras libretas? A continuación, cuatro personas que trabajan en la economía digital, tres millennials y un profesionista generación X, ofrecen una visión de los garabatos diarios en el trabajo.

Kathryn Parsons, 34 años, directora ejecutiva de Decoded, una compañía de capacitación digital con sede en Londres. “La gente grita con incredulidad cuando asisto a una reunión con una libreta. ¡Una persona que enseña codificación, hackeo y ciencias de datos... usa una pluma! Pero me encanta el reto que plantea una página en blanco. Implica cierto compromiso cuando dibujas tus ideas en un pedazo de papel, y es veloz y sencillo. Pero también aprovecha diferentes partes de tu cerebro cuando hay un mayor nivel de pensamiento. Siempre utilizo una libreta Moleskine A5. No creo en la tecnología por el simple hecho de ser tecnología y me encanta la interacción entre el mundo físico y el digital. Conservo todas las libretas que he escrito en los últimos 12 años”.

Gareth Williams, 47 años, director ejecutivo de Skyscanner, un motor de búsquedas de viajes. “Antes de cofundar Skyscanner era un codificador, siempre tecleaba con mis dedos. Ahora garabateo constantemente. La libreta que prefiero es una Windsor & Newton. Las páginas suelen incluir una mezcla de notas de reuniones al igual que garabatos y bocetos. Siempre tengo una pluma Uniball a la mano y hay una docena o más de ellas en mi escritorio. Mis garabatos suelen comenzar como un mecanismo de concentración en las juntas. En ese momento voy a escuchar a quien hable dentro de la reunión. Cuando le agrego un garabato más tarde, normalmente escucho la radio, reflexiono sobre las ideas o simplemente me concentro en el mismo dibujo”.

Lisa Pollack, de 35 años, jefa de nuevos proyectos y columnista de FT. “A mi libreta Slab de pino de Daycraft a veces la confunden con un bloque de madera. Como una persona que teme estar en una reunión cuando una persona mal preparada le pide “una hoja de papel”, valoro el camuflaje. (¿La Slab parece una almohadilla de relleno? No. No es así y no puedes “tener algo” de ella). Lo que en realidad se escribe en la Slab se lee como un monólogo de un actor borracho, amateur e improvisado. Pero la Slab, en teoría, es un receptáculo para las ideas de la columna. Si no las escribo, voy a recordar que tuve un pensamiento muy interesante de toda mi vida, pero cualquier información sobre algo en particular puede desaparecer”.

Efe Cakarel, 40 años, director ejecutivo de Mubi, servicio de streaming de películas. “Utilizo un Moleskin negro de tamaño medio. Llevo la libreta conmigo todo el tiempo. Escribo con una pluma muy específica, una Muji 0.5 de tinta negra. Esta es la puma con la que me siento más cómodo y que se acopla a mi forma de escribir. No suelo hacer garabatos, en su lugar sueño despierto. Siempre comienzo mi día con un espresso mientras recorro mi agenda y me pongo al día con mi equipo. Utilizo mi libreta para todo, para el trabajo, pero también para pensamientos e ideas”.