'Conquistadores' españoles eluden riesgo en la aventura

Están de nuevo a la caza de adquisiciones en el extranjero, pero ahora es más probable que se queden en Europa, Norteamérica y Australia.
Argentina nacionalizó la petrolera Repsol YPF en 2012.
Argentina nacionalizó la petrolera Repsol YPF en 2012. (Leo La Valle/EFE)

Madrid

¿Recuerdan a los modernos conquistadores españoles? En los años previos a la gran recesión ese fue el nombre que se le otorgó a un grupo selecto de empresas de España que se preparaba para conquistar nuevamente a toda América Latina. Como sus contrapartes del siglo XVI, viajaron para buscar tesoros y conseguir la gloria. Pero la versión moderna no llegó con soldados armados con mosquetes y frailes, en lugar de eso llegaron con hordas de banqueros de inversión, contadores y abogados.

Llenos de ambición y dinero, compraron su camino en Brasil, México, Argentina, Perú y una serie de mercados similares. En unos cuantos años, los grupos españoles Banco Santander, BBVA, Telefónica y Repsol, entre otros, surgieron como participantes fundamentales en gran parte del continente.

De vuelta en casa, sus aventuras en el extranjero fueron aclamadas como un gran éxito. Sus acuerdos fueron oportunos, les dieron acceso a mercados que crecían fuertemente, aprovechando el auge mundial de recursos y su correspondiente aumento del gasto en el mercado doméstico. También suministraron un colchón contra la crisis posterior a 2007: con España inmersa totalmente en la recesión, Santander, Telefónica y compañía empezaron a depender fuertemente en sus operaciones latinoamericanas para iluminar la penumbra ibérica.

Al avanzar rápidamente al día de hoy, las empresas españolas están nuevamente a la caza de adquisiciones en el extranjero. Sin embargo, esta vez es más probable que se queden en las costas de Europa, Norteamérica y Australia. El nuevo mantra es "solo en la OCDE". Los banqueros en Madrid dicen que sus clientes buscan, sobre todo, objetivos en países bien desarrollados, con buenas regulaciones, que pertenezcan a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, con sede en París.

De hecho, las tres adquisiciones en el extranjero que acapararon los titulares en los últimos 12 meses encajan en el patrón: Telefónica gastó 8 mil 600 millones de euros para comprar al operador móvil E-Plus en Alemania, un acuerdo al que rápidamente siguió la oferta de Repsol por la canadiense Talisman Energy, por 6 mil 600 millones de euros. En marzo de este año, Banco Sabadell realizó una oferta inesperada de 2 mil 400 millones de euros para adquirir el británico TSB, en un raro intento para la consolidación bancaria transfronteriza en Europa.

Los banqueros españoles y los altos ejecutivos dicen que este año esperan más de lo mismo. El año pasado, Ferrovial hizo una oferta de mil millones de dólares australianos para comprar Transfield Services, la empresa local de servicios de outsourcing y construcción. Se rechazó esta oferta, pero los jefes de Ferrovial dejaron claro que buscan gastar al menos una parte del fondo de financiamiento del grupo de 4 mil millones de euros. Se les aseguró a los accionistas que la búsqueda de prospectos se realizará principalmente dentro de la OCDE.

Lo que provoca ese cambio en el enfoque es la desagradable mezcla de riesgo político y desaceleración económica en gran parte de América Latina. Repsol ofrece un ejemplo particularmente extremo de lo que puede salir mal.

En 2012, Argentina nacionalizó la operación YPF del grupo español, que ampliamente se consideraba la joya de la corona de Repsol. Después de años de disputas legales, el grupo español al final aseguró un paquete de compensación con valor de 5 mil millones de dólares de Buenos Aires. Cuando llegó el momento de reinvertir el dinero, los ejecutivos de Repsol no ocultaron su deseo de aumentar su presencia en una región que fuera políticamente estable y bien regulada: adiós, Buenos Aires; hola, Canadá.

Bolivia también nacionalizó empresas de propiedad española, al igual que Venezuela (hay que decir que no siempre con pérdidas financieras para el vendedor). Pero la fuerte caída del valor del bolívar venezolano y otras monedas en la región dañó a los grupos españoles de todos modos.

El riesgo político es una menor preocupación en Brasil, por mucho el mayor mercado en Sudamérica y —en el mediano y largo plazos— todavía un prospecto muy atractivo. Pero en este momento la economía está en serios aprietos, y la ira popular contra el gobierno va en aumento. Cuando los analistas ven ahora los resultados de las empresas españolas de primer nivel, Brasil normalmente es la principal área de preocupación. Hasta hace muy poco era el indiscutible punto brillante.

Como todas las tendencias, el reciente cambio de la atención española de América Latina a mercados más desarrollados está lejos de ser uniforme. Tanto Santander como Telefónica fortalecieron recientemente su presencia en Brasil. Para ellos, al igual que para otras importantes empresas españolas, Latinoamérica siempre será un mercado de importancia crucial.

Pero después de muchos años de una verdadera aventura, los intrépidos conquistadores españoles sienten que lo que necesitan en este momento es un poco más de estabilidad en sus vidas.

tobias.buck@ft.com