Inversionistas de Citi, en pie de guerra contra el cabildeo

Exigen un reporte anual detallado sobre esa actividad, como lo hacen las asociaciones de comercio.
Una de las oficinas filiales del grupo financiero.
Una de las oficinas filiales del grupo financiero. (Marcos Brindicci/Reuters)

En la reunión anual de Citi de la semana pasada algunos accionistas estaban enojados. Un considerable 29 por ciento de ellos votó a favor de una resolución donde se critica al banco.

El auto no trataba sobre el sueldo de los ejecutivos, sino de las acciones de cabildeo. Y aunque se puede esperar que los accionistas sean solidarios con el cabildeo de su empresa, este grupo no lo era.

La moción, que recibió apoyo de ISS y Glass Lewis, asesores para inversionistas institucionales, demanda que Citi presente un reporte anual detallado de sus actividades de cabildeo, tanto directo como indirecto, como, por ejemplo, lo hacen las asociaciones de comercio.

"Queremos saber exactamente dónde y cómo se gasta el dinero de los accionistas", dijo Bart Naylor, ex jefe de investigaciones del comité de la banca del Senado de Estados Unidos.

La preocupación de otros accionistas es por el daño que puede causar el cabildeo a la reputación de Citi.

El estímulo para la resolución fue el papel que desempeñó Citi, junto con otros grandes bancos, en cambiar una provisión sobre el proyecto de ley de financiamiento del gobierno que debilitó las reglas de las operaciones de derivados.

El cabildeo es solo una forma en que las empresas ejercen su influencia en la legislación de su país. También existen las donaciones políticas y la "puerta giratoria", ex legisladores, funcionarios y personal político que se convierten en cabilderos.

"Es espantoso, es repugnante, es excesivo y abre la posibilidad a los conflictos de interés y a la corrupción", dijo Jim Himes, un congresista demócrata, ex banquero de Goldman Sachs y, según The New York Times, que hizo el comentario en 2013, "uno de los principales receptores de las donaciones de Wall Street". Incluso una idea más espantosa es que EU tiene controles más estrictos sobre el cabildeo que la mayoría de las democracias.

En 1995, EU promulgó la Ley de Divulgación de Actividades del Cabildeo (Lobbying Disclosure Act), donde el Centro de Políticas Receptivas explicó que se le exige a los grupos de presión "sobre una base semestral... que informen su gasto total y una lista con los nombres de los cabilderos que emplean, las agencias que contactan y sobre qué temas y legislaciones intentaron influir".

A eso le siguió en 2007 la Ley de Liderazgo Honesto y Gobierno Abierto (Honest Leadership and Open Government Act), a la que el entonces senador Barack Obama llamó "la reforma ética más radical desde Watergate", que evita que los senadores realicen acciones de cabildeo con sus antiguos colegas durante dos años después de salir del gobierno, y sobre los miembros de la Cámara de Representantes por un año.

En comparación con la tibia Ley de Cabildeo (Lobbying Act) de Reino Unido de 2014, que requiere el registro de los grupos de presión, pero solo si cabildean con ministros o secretarios permanentes de la administración pública.

Esto significa, dice Transparencia Internacional, que "el cabildeo con los parlamentarios, con excepción de los altos servidores públicos... y un gran número de agencias públicas puede realizarse sin un registro público de las reuniones de cabildeo, los temas que tratan o la cantidad de dinero que se gasta".

Al dejar el cargo, a los ministros británicos se les prohíbe realizar actividades de cabildeo con el gobierno durante dos años. Pero no hay nada que impida que un miembro común del parlamento que pierda su escaño en las elecciones generales de mañana acepte un puesto en los grupos de presión la próxima semana.

Y sin embargo, de acuerdo con el estudio de Transparencia Internacional, en 19 países europeos, Reino Unido tiene controles más efectivos sobre el cabildeo que cualquier otro país, con excepción de Eslovenia y Lituania. Y también tiene una legislación estricta sobre los límites de gastos.

El cabildeo no es la maldad absoluta. Es importante que los gobiernos escuchen a las empresas y asociaciones industriales antes de apresurarse con una legislación. Los políticos que pierden o se retiran también necesitan un empleo, y el movimiento entre los sectores público y privado fortalece la experiencia de ambos.

Lo que irrita es la disparidad entre la riqueza de los grupos de presión corporativos y los ciudadanos que eligen a los políticos y pagan sus salarios.

Si bien una legislación más fuerte ayuda, como lo demuestra EU, no es la panacea; al parecer hay maneras para darle la vuelta a cualquier restricción. El Centro de Política Receptiva dice que ex miembros del Congreso aún pueden ejercer presión en las agencias federales. Y si pasan menos de 20 por ciento de su tiempo en el cabildeo, no tienen que registrarse y pueden ejercer presión sobre cualquiera.

¿Tenemos que aceptar que el cabildeo es como un fango en una película de terror, que mana por debajo la puerta?

No. Una ciudadanía activa puede exigir más información. Una prensa vigilante también puede hacerlo; importantes políticos de Reino Unido quedaron expuestos por agarrar oportunidades de cabildeo. Y los accionistas de Citi abrieron un nuevo e inesperado frente: los dueños de las empresas demandan saber lo que hace la dirección.

michael.skapinker@ft.com Twitter: @Skapinker