Angus Deaton, la globalización seguirá

A pesar de un año de temblores políticos, el Premio Nobel considera que los rumores sobre la muerte de la globalización son prematuros.
"Lo bueno de todo esto es que las élites están advertidas de que las cosas no pueden seguir de la misma manera".
"Lo bueno de todo esto es que las élites están advertidas de que las cosas no pueden seguir de la misma manera". (Cortesía)

Nunca antes había almorzado con un premio Nobel. Llego temprano y estaciono mi vehículo frente al Mistral, el elegante restaurante de Princeton, cuyos chefs se describen como “activistas de la comida”. Las cosas comienzan a salir mal cuando me encuentro bajo la lluvia con mi tarjeta de crédito atorada en el parquímetro.

Por fin entro, unos minutos tarde, y Angus Deaton, ganador del Premio Nobel de Economía en 2015 y defensor optimista de la globalización, ya se encuentra en una pequeña mesa al otro lado del salón. Estrecho su mano y me disculpo. 

Mistral es luminoso y ventilado a pesar de la lluvia en el exterior. El presidente electo es una de las razones por las que estoy aquí: al cierre de un año que puso de cabeza la política occidental, Deaton se encuentra entre los que tienen una mejor posición para explicar los terremotos populistas. 

Apenas unas semanas después de que ganó el Premio Nobel, Deaton y su esposa, economista de Princeton, Anne Case, publicaron un artículo en el que revelaban una alarmante tendencia en la sociedad estadounidense: un aumento en el número de suicidios y “otras muertes por desesperación” entre los hombres blancos con educación de preparatoria que llegó a un nivel tan alarmante que de manera colectiva, los blancos de mediana edad se convirtieron en el único grupo demográfico en Estados Unidos (EU) en décadas que tuvo un aumento en su tasa de mortalidad.

Según sus cálculos, entre 1999 y 2013 se perdieron 490,000 vidas. El estudio Case/Deaton se consideró como una evidencia causal para el surgimiento de Trump y su atractivo con los molestos electores blancos en el corazón de EU. 

El primer plato de nuestra comida llega rápidamente, un rillete de trucha servido con hinojo y papas fritas que Deaton declara su favorito. A raíz de los resultados de las elecciones presidenciales, Deaton se encuentra entre los que consideran que la elección de Trump -y el voto del Brexit que sacudió al Reino Unido- es una consecuencia de la arrogancia de las élites políticas.

Es incisivo con los Clinton, y Hillary Clinton en particular, por sus vínculos con una clase dirigente inservible. “Uno de los grandes beneficios de la elección, según mi opinión, es que no tengo que fingir que me agrada”, me dice en un momento, incluso cuando confiesa que votó por ella de mala gana.

Pero su mayor frustración es con lo que considera los entornos distantes y tecnócratas de tantas personas en la política centrista de la actualidad. Considera “lo que creo que tengo es una verdadera simpatía con la gente que apoya a Trump”.

En su libro de 2013, The Great Escape (El gran escape), argumentó que el mundo en el que vivimos actualmente es más saludable y rico del que habría sido, gracias a siglos de integración económica. Considera como un error los esfuerzos de culpar a la globalización de los problemas de las asoladas zonas del Rust Belt (cinturón del óxido) de EU o las zonas industriales Gran Bretaña.

“A mí la globalización no me parece que sea un daño de primer orden y me parece muy difícil no pensar sobre las miles de millones de personas que como resultado salieron de la pobreza”, dice. 

Preguntarse si la desigualdad es mala para el crecimiento económico es, dice Deaton, una “pregunta simplona”. Sin embargo, la desigualdad que se manifiesta con las personas o las corporaciones ricas que compran el control del gobierno es una cuestión diferente. “Eso seguramente es una catástrofe. Así que pienso que es la desigualdad la que surge a través de la búsqueda de beneficios (el uso de la riqueza para tener influencia política y lograr una ganancia egoísta), ese es el punto crucial del asunto”. 

Le pregunto qué debemos hacer ahora que el presidente electo Trump ha colocado a otros multimillonarios en su primer gabinete. Encoge los hombros. “Lo sé. Pero bueno, se eligió a Obama porque prometía un cambio y lo intentó y no tuvo mucho éxito. Y los Clinton son lo opuesto a lo que quisiéramos tener”.

Pide un pimiento asado y brocoli y pizza asada de pan delgado con piñones, queso feta, pasas encurtidas y un huevo frito montado. Parece el momento para preguntar sobre el futuro. ¿Qué hay con todos aquellos que ven -en el Brexit, en Trump y en el aumento del populismo en Europa- un inminente final del orden económico liberal de la posguerra?

“Espero que no”, responde. “Sin duda puedes dibujar una imagen de 2016 que lo haga parecer a la década de 1930, que es lo que todo mundo hace”. Deaton tiene una visión a largo plazo y está convencido de la durabilidad del progreso, en parte porque él es un producto de la globalización y ve las cosas de manera más amplia. 

“En lugares como la India, donde trabajo extensamente", dice, "las ganancias de la globalización también contribuyeron a un enorme descenso de la opresión social y eso ocurrió en todo el mundo”. Señala los avances que se lograron con los derechos de las mujeres y los derechos de los homosexuales en las últimas décadas en varios países. 

Con Trump -y las personas que nombre para los puestos del gabinete- Deaton en realidad ve una regresión a la media republicana, no una revolución. La victoria de un republicano fue algo que, de acuerdo con la historia de EU, siempre fue un escenario más probable que la elección de otro presidente demócrata. 

Nuestra mesera viene a servirnos agua mineral y Deaton termina, le da la bienvenida a la sacudida de las instituciones liberales y espera un ajuste. “Lo bueno de todo esto es que las élites están advertidas de que las cosas no pueden seguir de la misma manera”.