Cómo proteger los portafolios de inversión de los populistas

Si quieren invertir en farmacéutica, automóviles, tecnología o en otra cosa, tendrían que ser tontos en hacer sus elecciones con base solo en las teorías económicas o de libre mercado.
“El populismo importa en las inversiones y en la política por igual”.
“El populismo importa en las inversiones y en la política por igual”. (lustración: Shutterstock)

Este año los inversores se enfrentan con una serie de misterios globales: el Brexit, la guerra en el Medio Oriente, las tasas de interés negativas, los precios de la energía, la burbuja de la deuda china, las políticas del presidente Vladimir Putin y el drama en Brasil.

Sin embargo, ahora nos enfrentamos a otra gran incertidumbre: qué le puede hacer a los mercados de activos de EU la contienda electoral entre Donald Trump y Hillary Clinton.

Aunque Clinton, quien se presume que será la candidata demócrata, parece tener una ventaja suficientemente grande sobre Donald Trump en las encuestas, el resultado de las votaciones presidenciales en noviembre parece incierto. Todos aprendimos en el último año lo equivocados que pueden estar los encuestadores.

Lo que desconcierta más a los inversores es que, a medida que el populismo gana impulso, se erosionan mucho los límites normales de “izquierda” y “derecha”, “pro-empresas” y “contra las empresas”. No es fácil discernir patrones claros de políticas en medio de una atrevida retórica para los demócratas o los republicanos.

Entonces, ¿qué debe de hacer un inversor si quiere tener una cartera a prueba de Trump, o incluso beneficiarse con una horrible pelea de Clinton contra Trump? En las próximas semanas los bancos que venden servicios de inversión y los asesores financieros producirán miles de ideas. A continuación cinco ideas que son mías.

En primer lugar, no compren bancos; o no si tienes la esperanza de que el gobierno aumente el precio de sus acciones. Hasta hace poco, se consideraba que Clinton era blanda con Wall Street, de hecho, algunos financieros esperaban que los ataques contra los bancos terminaran en 2016.

Pero a Bernie Sanders, su rival demócrata, le va tan bien que Clinton tiene la presión de robar su lenguaje “socialista” para tranquilizar a sus seguidores, y tal vez elija alguna figura anti-Wall Street como su compañero de fórmula, Sherrod Brown, senador de Ohio.

Tal vez Trump no sea tan diferente. A muchos republicanos le encantaría derogar las reformas financieras que se implementaron después de la crisis, y ya criticó la ley Dodd-Frank. Pero también parece instintivamente hostil hacia Wall Street. Como héroe autoproclamado de los furiosos votantes comunes, es poco probable que acoja a los bancos.

En segundo lugar, no esperen un repunte de los bonos del Tesoro; al menos no uno que reciba un impulso de los recortes de deuda. Hace un par de años, se suponía que para este punto en el ciclo económico, los encargados de las políticas estarían discutiendo cómo recortar la gran carga de la deuda de EU. Pero Clinton no es un halcón fiscal (que se incline por reducir gastos, menor intervencionismo y control del déficit). Por el contrario, parece que inclinarse hacia el estímulo fiscal, y tal vez trate de tranquilizar a los seguidores de Sanders de esta forma.

Y mientras el ala del Tea Party del Partido Republicano está dispuesta a reducir la deuda, Trump construyó una carrera al explotar el apalancamiento. Se comprometió vagamente a deshacerse de la deuda de 15,000 millones de dólares de Estados Unidos en ocho años; pero también quiere crear empleos, impulsar el crecimiento y proteger los derechos. No sorprende que a los republicanos, tradicionalmente con una línea dura fiscal, no les guste.

En tercer lugar, acoger las obras de infraestructura, sin importar quien gane. Donald Trump hizo su marca con la construcción, y si él gana en noviembre, tal vez desate una campaña de infraestructura nacional para crear empleos y crecimiento. Le gusta la idea de ser un segundo Franklin Roosevelt, el hombre que construyó el sistema de carreteras de Estados Unidos. Pero

Clinton puede hacer esto también. Después de todo, como señaló recientemente Lawrence Summers, exsecretario del Tesoro de Estados Unidos, la belleza de gastar en infraestructura es que puede crear empleos de clase media y crecimiento en una época en que la política monetaria alcanzó sus límites, al menos, si no te importa elevar la deuda.

Cuarto, esperen volatilidad de la moneda. El elemento más llamativo de la campaña de Trump -hasta el momento- son sus amenazas sobre el proteccionismo comercial. Pero Clinton también se volvió más proteccionista al disminuir su apoyo para el Acuerdo Transpacífico. Nadie sabe si su reciente cautela realmente cambiará los flujos comerciales o las cadenas de suministro. Pero los alardes sobre el escenario global sin duda pueden desatar rápidamente algunos cambios de la moneda.

Finalmente -y lo más importante- los inversores tienen que invertir en activos con un ojo a la intervención caprichosa del gobierno. Después de todo, si hay algo que tendrá sentido en esta peculiar elección, es la idea de que los electores perdieron la fe en en el centro de la política de libre mercado.

Con el aumento del populismo, Clinton puede implementar más protección y regulaciones al consumidor como respuesta, mientras que Trump se inclina por proteccionismo interminable.

De cualquier forma, si quieren invertir en farmacéutica, automóviles, tecnología o casi en cualquier cosa, tendrían que ser tontos en hacer sus elecciones con base únicamente en las teorías económicas o de libre mercado. El populismo importa en las inversiones y en la política por igual actualmente, incluso, o especialmente, si hace que tu cabeza de vueltas.