El largo ocaso de las grandes petroleras

Los productores de combustibles fósiles enfrentan un futuro de descenso lento y continuo con el acuerdo de sostener la temperatura de todo el mundo en un aumento de dos grados centígrados. 
Grupos petroleros, incluidosExxonMobil y Royal Dutch Shell, han discutido la forma de disminuir las emisiones de efecto invernadero de sus productos, sin llegar a algún acuerdo. Si no cambian a energías renovables, tendrán que ir a la quiebra.
Grupos petroleros, incluidosExxonMobil y Royal Dutch Shell, han discutido la forma de disminuir las emisiones de efecto invernadero de sus productos, sin llegar a algún acuerdo. Si no cambian a energías renovables, tendrán que ir a la quiebra. (Foto: Shutterstock)

Las reuniones anuales que celebraron algunas de las compañías petroleras más grandes del mundo a finales de mayo se parecieron más a sesiones de terapia para una industria con angustia existencial. El objetivo internacional de sostener el aumento de las temperaturas mundiales a “muy por debajo” de dos grados centígrados, que se acordó en las conversaciones sobre el clima el año pasado en París, implica lo obsoleto que será la producción de combustibles fósiles dentro de unas décadas. No obstante, las compañías petroleras todavía no se resignan a lo que eso quiere decir.

Si los gobiernos se adhieren a ese compromiso, las compañías de combustibles fósiles tendrán que encontrar la manera de detener las emisiones de efecto invernadero de sus productos, cambiar a las energías renovables, o tendrán que ir a la quiebra.

En las reuniones anuales de los grupos petroleros, incluyendo las de ExxonMobil y Royal Dutch Shell, se discutió esa posibilidad con los ejecutivos y los accionistas, sin llegar a una conclusión.

Al menos en su presentación pública, los grupos europeos, incluyendo a Shell y Total, están más dispuestos a enfrentar la amenaza del cambio climático que sus rivales de Estados Unidos (EU).

Si bien aceptan las conclusiones de la ciencia climática, Exxon y Chevron señalan la importancia que tiene la seguridad energética y la asequibilidad de reducir las emisiones.

El llamado de los inversionistas para que las empresas de EU empiecen a evaluar cómo pueden funcionar bajo las políticas de un incremento de temperatura de dos grados recibió la oposición de los consejos y el rechazo de los accionistas, el apoyo fue minoritario. Las principales compañías petroleras europeas empezaron a publicar sus opiniones sobre cómo ese tipo de restricciones las afectarán, pero se mantienen renuentes a explorar en detalle lo que significa para el panorama de su toma de decisiones de inversión y rentabilidad futura.

En un modelo que se publicó en la revista Nature el año pasado se sugirió que al permanecer dentro del límite de dos grados, alrededor de un tercio de las reservas petroleras mundiales y la mitad de sus reservas de gas se mantendrán sin usar. Eso no significa que las petroleras renunciarán a toda la inversión de producción futura.

Las diferentes reservas tienen diferentes posibilidades, todo depende de los costos de producción. El petróleo de esquisto de EU, por ejemplo, probablemente tenga un mayor potencial de crecimiento que las arenas bituminosas de Canadá.

Sin embargo, en general, el mensaje es uno que siempre es difícil escuchar para los inversionistas y los equipos de dirección: el espacio para el crecimiento es muy restringido, y la producción a largo plazo tendrá que caer en lugar de aumentar.

Una opción para escapar a esos límites es que las grandes petroleras participen en la transición de energía. Total, la compañía petrolera con los planes más ambiciosos para la diversificación, estableció un objetivo de tener 20% de sus activos en energía baja en carbono para 2035.

Pero las décadas de aventuras infructuosas en la energía alternativa -como la iniciativa Beyond Petrolum de BP- sugieren que es una posibilidad remota. La disrupción en otras industrias, desde el sector de computadoras hasta el de taxis, generalmente la lideran los nuevos participantes, no los que ya existen.

En lugar de invertir en proyectos de gas y petróleo probablemente abandonados, o de arriesgar en nuevas tecnologías que tal vez no comprendan totalmente, es mejor que las compañías petroleras continúen regresando dinero a los accionistas a través de los dividendos y las recompras de acciones.

Los compromisos que hicieron Chevron, BP, y la mayoría de los grupos, de mantener sus dividendos durante la crisis, incluso si tienen que pedir prestado para hacerlo, es un alentador reconocimiento de esa realidad, incluso si las compañías no lo ponen en esos términos.

En lugar de manifestarse en contra de las políticas del clima, o de hacer falsas promesas mientras calladamente las desafían con decisiones de inversión, las compañías petroleras atenderán mejor a sus inversores y a la sociedad si aceptan los límites que enfrentan, y acogen el futuro de un descenso en el largo plazo.

*FT VIEW es el comentario editorial del FT