La maternidad es difícil e intensa, pero no es un trabajo

Aunque ser padre es, en muchas ocasiones, difícil, no es un empleo al que puedes renunciar cuando se desee.
Lucy Kellaway, editora asociada del FT con múltiples premios periodísticos en Reino Unido.
Lucy Kellaway, editora asociada del FT con múltiples premios periodísticos en Reino Unido. (Cortesía )

En la época en que regresé a trabajar después del nacimiento de mi primer hijo fui a visitar a una amiga abogada que también acababa de tener un bebé y decidió quedarse en casa para cuidar de él.

El almuerzo iba bien hasta que dije que la envidiaba por no tener un empleo: debe ser agradable estar con tu hijo todo el día. Ella me vio con algo parecido al odio. Tenía un trabajo, espetó enojada. Criar a su hijo definitivamente es un trabajo, y mucho más valioso que cualquier otro que tenga que ver con el derecho empresarial.

¿Pero estaba en lo correcto? ¿La maternidad es un trabajo? Margaret Thatcher pensaba que así era, según ella, criar hijos es un trabajo administrativo. Aparentemente la reina piensa lo mismo y le dijo a Kate Winslet que era “el mejor trabajo” que existe.

Sin embargo, ahora parece que las madres de clase media cambiaron su forma de pensar. El tipo de mujeres que solían enojarse con cualquiera que sugiriera que criar a sus hijos no es un trabajo, ahora se indignan de igual forma con los que dicen que lo es. La semana pasada, Mumsnet, la red social para padres, emitió un comunicado de prensa en donde establecen una nueva ley: “La maternidad es un viaje emocional, no un trabajo”.

Esta es la respuesta correcta, pero la razón equivocada. Criar hijos no es un empleo, y nunca lo fue. Se padre es un trabajo, algunas veces un trabajo extremadamente difícil, pero no es un empleo, por lo tanto no te pagan. El asunto con el empleo es que puedes optar por hacerlo, puedes renunciar cuando quieras, pero mientras lo haces debes acatar las reglas.

Como columnista, tengo que escribir esta columna porque es mi empleo. Como madre, puedo decidir que no quiero cocinar y en su lugar pedir comida para llevar. Al extremo, en el hogar puedo gritar y arrojar cosas; si lo hago en el trabajo, probablemente me despidan. No importa que mis hijos piensen que hago un mal trabajo al criarlos, no pueden despedirme. Ser padres  es de por vida. Los empleos no.

Sin embargo, la maternidad tampoco es un “viaje emocional”. Un viaje es algo en lo que participas para ir de un punto A a un punto B, mientras que ser madre tiende a ser bastante estático, en mi caso, casi en su totalidad pasa en la cocina. No es un viaje en el cursi sentido metafórico. La maternidad inicia como una válvula totalmente emocional y sigue de la misma forma por siempre.

Lo peor de describir la crianza de los hijos como esto no es que sea tonto, pero es excesivamente desalentador. Si alguien me hubiera dicho desde el principio que me embarcaba en un “viaje emocional” habría descartado la idea totalmente.

¿Entonces por qué las madres cambiaron su forma de pensar sobre el asunto del empleo? Sospecho que es porque ya no piensan sobre los trabajos de la forma como solían hacerlo.

Hace 20 años un empleo era una símbolo de estatus; ahora lo ven como algo pesado y sugiere una falta de imaginación. Cualquier persona a la que le guste el suyo pretende que no lo ve como un trabajo en lo absoluto, sino como algo para darle cause a su pasión y creatividad.

Las madres solían insistir en llamar trabajo a lo que hacían porque las hacía sentir mejor, ahora es al contrario. Sin embargo, las dos reacciones son tontas. Los empleos y la paternidad son igualmente vitales para la supervivencia de la raza humana, pero las dos actividades existen en planos totalmente diferentes y las comparaciones morales no deberían entrar allí.

Saatchi & Saatchi hizo una investigación para Mumsnet sobre lo que se trata que criar a los hijos no es un trabajo. Concluyó que las madres juegan ocho diferentes papeles emocionales, cinco de los cuales estoy más o menos de acuerdo con ellos -cuidador, aficionado, amigo, héroe, refugio- mientras que los otros tres -cómplice, entrenador y desobedientes- me preocupan un poco.

¿Desobediente? ¿Cómplice? ¿Qué pasó con los regaños o ser la autoridad? ¿Qué se supone que le tengo decir a mi hijo adolescente cuando llega a casa de la escuela con un montón de tarea de trigonometría? Al diablo con eso, aquí hay una identificación falsa, ¿por qué no vas al pub en lugar de eso?

Esta tonta lista de papeles nos dice que una parte de la crianza moderna tiene algo en común con los trabajos. Los dos han ido demasiado lejos con la Teoría X de motivación, que dice que todo el mundo es básicamente flojo y por lo tanto se requiere un poco de autoritarismo- que ahora se alejan de cualquier cosa que diga: estoy al mando.

Los administradores tienen que fingir que su habilidad más grande es la de entrenador: los padres tienen que hacer lo mismo. Todo es para el espectáculo; en la mayor parte de las compañías hay muy poco entrenamiento, en la casa pasa mucho menos. Los entrenadores tienen que mantener distancia, tener paciencia y objetividad, difícil sentir eso hacia tus queridos y enloquecedores hijos.

Pretender que la maternidad es un viaje largo, democrático, emocional, alegre, es una mentira mucho mayor que decir que la maternidad es un trabajo. Al final, estoy con Margaret Thatcher - quien insistió que ser una madre es un trabajo administrativo. Estaba equivocada sobre lo del empleo; pero estaba en lo correcto sobre lo administrativo.